Laberinto

Laberinto

15 enero, 2017 Participacion Relatos Cortos Reto Blogger Retos 4
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Relato para el reto Blogger del grupo  Deus Ex Machina(actualmente desaparecido)

Este relato es uno de mis favoritos por su estilo y narrativa, casi no recuerdo su origen pero estaba basado en un sueño.


Laberinto

— ¿Sabes? El camino descampado solo es visible cuando has dado un paso dentro de él. Mientras estés en el bosque todo es un laberinto de árboles infinito y desesperante. El fuego suele ser tu aliado destruyéndolo o acabando con tu agonía. La primera puerta se abre frente a ti.

La voz parecía retumbar en mi cabeza pero la persona frente a mí, con una taza de café en una mano y un periódico enrollado en la otra hablaba con soberbia señalando una calle muy transitada.

— No esperes que un dragón te visite cuando te pierdas en el bosque, no esperes que un volcán se lo trague, desde aquel momento en el que perdiste las esperanzas de salir, las puertas se te han cerrado.

Solo dejó de hablar para tomar un sorbo de café. La gente a mi alrededor se quedaba quieta cada vez que el callaba y se movía al ritmo de sus palabras. Las calles parecían retorcerse sin cambiar de forma alguna y yo, aún más confundido levantaba mi taza de café casi vacía al momento en el que él lo hacía para no perderme de sus palabras.

— ¿No decías que eras quien cambiaría el mundo? Sólo tienes 30 años y has abandonado toda esperanza, saltaste desde aquel edificio y en medio camino me has llamado. Dios, demonio, auxilio, socorro, ¿que estabas pensando? Llamando a tanta gente cualquiera te iba a responder. Pero he llegado primero y ahora vamos a jugar.

El mar embravecido agita sus aguas contra la tierra quien aguanta por toda la eternidad sus ataques.

La roca, infinitamente más dura que el agua va cediendo poco a poco hasta volverse polvo. ¿Creías que tú, siendo un simple mortal cambiarías algo?

El cielo siempre cambia, la tierra también, la misma ciudad fluye constante al ritmo de mis palabras.

¡Mira! Las miradas acusadoras de todos aquí están sobre ti. ¿Qué te hizo creer que serias tan especial como para poder escapar del tormento que fue asignado a todos los mortales?

El fuego se te ha sido privado. No hay gran dragón que despeje el bosque. Las puertas siempre abiertas se te han cerrado y tú, inútil, sentado en una silla bebiendo café. Sin azúcar, sin agua, un trago amargo que pasas con dificultad por tu garganta esperando una respuesta clara.

Las miradas de los transeúntes se fijaron sobre mí desde que el hombre comenzó a hablar.

Furiosas, frustradas, acusadoras y agotadoras, no había nadie que se distrajera de cruel tormento que les habían asignado sobre mí.

Las calles parecían retorcerse en un ciclo infinito para que la gente y sus vehículos volviera a pasearse mirándome, achacándome por hacer trampa en este juego que llaman vida y cada vez llegaba más gente, más animales, más calles y más edificios.

El amargor de mi boca coincidía con su acusación. Indigno de la vida, probé la amargura, mero café sin agua y sin azúcar, castigo leve para mi intento de escapar. La tierra tiembla ante la progresivamente más concurrida calle frente al café y el hombre retomó su discurso al terminar de beber otro sorbo de su aparentemente inagotable taza.

— ¿Cruel castigo te resulta masticar granos de café? Peor fue eso que te llevó a saltar aquella vez. No esperes que tu intento de escape pase desapercibido, mira, la gente se reúne para ver tu desmembrado cadáver, pudiste haber elegido un final más digno.

Tus ropas desgarradas, tus órganos expuestos, las piernas abiertas exhibiendo tu miseria. ¿Era necesario saltar desde el edificio a tropel?

La gente se reunía precipitada y haragana, observaba con desdén aquel cuerpo destrozado que fui alguna vez. Sus miradas parecían desdoblarse solo para vernos al tiempo, al cadáver y a mí, al uno con lastima y al otro con desdén. Al muerto como alguien bueno y a mí, como a un infiel.

La tierra se movía, la gente fluía por las calles como si fueran la sangre de las arterias de la gran ciudad. El tiempo continuó pasando y poco a poco se olvidaron de mí, aquel que un día saltó desde lo alto de un edificio a tropel. Que se desmembró al chocar con tanto obstáculo encontró en la caída y aplasto a la verdadera razón por la que me miraron con lastima; un pequeño pichón.

— ¿Sigues mirándote con autocompasión? Has pedido auxilio y yo te lo di. ¿Quién te crees que soy? ¿Un demonio? Simple trickster perdido en el tiempo. Yo soy tú y aquí estoy, riéndome de tu decisión, burlándome de tu desgracia, siendo reflejo de lo que serías si no hubieses saltado.

No, tienes razón, no soy tú, porque has llegado aquí por tu estupidez y yo, tan solo riéndome de tu insolencia estoy desde siempre y hasta siempre.

El fuego es tu aliado, quema el bosque. El camino descampado solo se ve al salir del laberinto de árboles, deja de lamentarte y avanza, pisotea tu cadáver, sueña en grande y recuerda, el cielo siempre cambia y la tierra también. Hasta la roca más dura es molida por el agua tan suave.

La miseria de mi vida se había ido, poco a poco me convertí en una baldosa más de la acera. Fui una vida disfrutada que se truncó poco antes de terminar cuando debía y aquel pichón que maté mientras caía recibió cristiana sepultura.

Paloma blanca sin plumas, tuvo las alas que me faltaron para evitar llegar al suelo. Acabe con su vida antes de que pudiera comenzar la suya y recibió cristiana sepultura mientras yo sigo estampado en el suelo como una baldosa más de la acera.

Las calles recursivas se retuercen como laberinto, los faroles y peatones son simples arbustos de este bosque. El peligro son los arboles gigantes, enormes guardianes permanentes en el tiempo capaces de guiar a idiotas directo hasta el suelo. Ayer mismo cayó otro semejante a mí.

Pobre idiota, más bien, este tipo debió ser un genio.

Saltó desde lo alto sin prisa, sin apuro.

Estiro las piernas con orgullo y sin temor de su decisión.

Llego al suelo de espaldas sobre un auto que hundió y, molido de todos sus órganos internos; falleció.

Así, digno, orgulloso y estúpido logró escapar mejor que yo, pero a diferencia de mí, la gente con lastima lo miró.

Lo levantaron, lo trasladaron y lo enterraron, nunca penó.

Nunca se lamentó.

Nunca.

Desperté.

El calendario marca mi cumpleaños veinte. No lo soñé, no morí. No viví, cuando cumpla treinta saltaré otra vez hasta morir como aquel tipo, digno y orgulloso. O más bien, viejo y en un sofá frente a una chimenea. O más bien, lo que se venga según actué conforme a lo que ahora sé.

— No has escapado — dijo la voz penetrante — nunca has escapado. No creas que lo que viste fue un sueño, ni olvides el dolor previo a tu muerte. El fuego es tu aliado, puedes quemar el bosque o morir incinerado. No dejes nada pendiente o volverás a comenzar. El laberinto de árboles conforma al bosque y tú, simple viajero no eres más que una pulga perdida entre los matorrales.

Tienes manos, tienes pies, tú decides si encender una antorcha o saltar desde los árboles, mientras yo, aquí, desde siempre y hasta siempre te sigo vigilando hasta que olvides en que has fallado y vuelvas a saltar.

Desperté.

El aroma del café inundaba mi olfato.

La gente a mí alrededor me observaba aterrada.

— ¿Quién lo empujó? — se preguntan. Pero lo que no saben es que en realidad lo deseaba.

El hombre en la cafetería sigue tomando su café, me mira con el periódico enrollado en su mano mientras con la otra sostiene la taza de la que vuelve a beber.

 

4 comentarios

  1. Alex Firefly dice:

    No elegiría tirarme de un edificio, siempre he odiado las alturas. Los cuchillos en cambio me parecen algo práctico y controlable, pero dijiste que cuesta cortarse los tendones solo. Qué engorroso, por eso la gente prefiere seguir viva =_=”

    • drk0027 dice:

      En realidad el suicidio es más difícil de lo que parece, la mayor parte del tiempo la gente falla pero queda discapacitada de por vida que es peor.
      igual, es mejor seguir vivo u,u

  2. Maxi Riveiro dice:

    Desesperante, y melancólica (me encantó)
    Esa vida que está condenada a volver sobre sus pasos, y esa conversación con la misma muerte, me resultaron muy entretenidas.

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