El suicidio digital de Gilgamesh

El suicidio digital de Gilgamesh

8 junio, 2017 Relatos Cortos Sin categoría 0
¡Pasa la voz!
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La idea era conseguir una historia que contenga una de las palabras o conceptos encontrados en la lista, pero yo tome unas cuantas mas.

La idea era conseguir una historia que contenga una de las palabras o conceptos encontrados en la lista, pero yo tome unas cuantas mas

(1428 palabras) #noobcomplex


El Suicidio Digital de Gilgamesh

— ¿De qué te sorprendes, Gilgamesh?, esto es lo que es ser humano. — dijo una voz que retumbaba en la oscuridad de la noche.

— Cada minuto que pasa es un minuto perdido. Cada hora que dejas escapar te mantiene más lejos de mí. No me he ido, no volveré. No estoy lejos, ni tampoco cerca. Extiende tu mano, ya sabes que hacer, solo obedece, obedece a tus sentimientos y hazme volver.

Su voz áspera parecía desgarrar mis oídos con delicadeza, pero no lograba reconocerla. Era algo parecido a una pesadilla a media noche que ocurría siempre aquí, cuando la luna enrojecía.

No soy Gilgamesh ni sé quién soy, pero aun no puedo creer que ella se haya ido. No es posible, las probabilidades de que sucedieran eran nulas y, aun así, yo seguía mirando la roja luna mientras su áspera voz me pedía regresar.

— Tú sabes que debo regresar, tú puedes hacerme regresar. Volveremos a estar juntos otra vez. Tenemos que estar juntos de nuevo y seguir viviendo, aventurándonos, explorando tierras desconocidas, destruyendo monstruos, desafiando dioses. Ven… Enkidu te espera.

— No soy Gilgamesh, pero conozco a Enkidu.

Ella era, la más hermosa rosa del rosal, la llama roja del bosque incendiado, la roca descendiente de la ladera montañosa, el viento fuerte proveniente del mar.
No se ha ido, no necesita volver. Solo duerme, solo duerme y no ha despertado, la debo dejar dormir.

Ya hace cuatro semanas que no ha despertado.
Ya hace cinco meses que no ha despertado.
Ya hace diez años que no ha despertado.

— ¿Qué esperas? Obedece, hazme volver, ¿acaso no me quieres junto a ti? Yo seré tu eterna compañera, nos aventuraremos a remotas islas, conoceremos a milenarios ancianos, robaremos su sabiduría, su juventud, sus tesoros y poder, su longevidad y poderío. Seremos los reyes de un nuevo mundo, Gobernaremos por sobre el bien y el mal, solo tienes que desearlo, solo tienes que hacerlo real ¡Déjame volver de una vez por todas! ¡Me necesitas!

Es una voz áspera de media noche, el asco del ocaso al morir el sol. ¿Quién eres y que esperas de mí? ¡Déjame en paz! Ella duerme, el viento es lo mismo que su respiración. El sol es, lo mismo que su calor. El mar es, lo mismo que su sudor.

¿Qué esperas de mí? ¡Ella no necesita volver!

Ella duerme, no, descansa, en cualquier momento despertará, vendrá junto a mí. Seremos como fueron Gilgamesh y Enkidu, invencibles, rebeldes, aventureros, conquistaremos el mundo…

¡No!

Ella no necesita ninguna aventura ahora, ¿no ves que solo está durmiendo?

Esa áspera voz.
Esa amarga voz.
La luna roja y el sol asomándose al amanecer.
Se parece, pero no es…

— ¿Crees que puedes seguir así? Seremos uno y dos a la vez. ¿Crees que el sol asomará con solo esperar? Soy el tiempo y el espacio, el fuego de los caídos, la roca que rueda ladera abajo. Nadie me puede detener, nadie puede interponerse a mí, pero tú, solo tienes que desearlo, ¡tienes que obedecer! Déjame volver, ¡déjame volver de una vez!

Los arboles sangran, la luna sigue su camino, el sol asomándose por el horizonte y las montañas disolviéndose hasta volverse llanuras.

Ella duerme, ¿no lo ves? Solo duerme, ¡déjame en paz!
Solo voy a indagar en su mundo de sueños, deseo estar junto a ella y eso haré.

Es mi deseo y voluntad.
Es mi amor y sinceridad.
¡El mundo necesita sol y un incendio!
¡El mundo necesita lluvia e inundaciones!
El mundo necesita de ti…

Yo te necesito…

¿Crees que puedas venir?

Creare un nuevo mundo, te despertaré y viviremos miles de aventuras como antaño.
Te arrancare de las garras de Morfeo y conquistaremos tierras lejanas.
Mataremos monstruos aterradores.
Venceremos a la mismísima muerte y, cuando los dioses se interpongan en nuestro camino, también barreremos con ellos.

Mira, Un nuevo cielo y una nueva tierra, solo para ti.
El horizonte se expande hasta el infinito, El sol no tiene por donde escapar.
El cielo es una cúpula enorme donde podrá jugar con la luna y engendrar miles de estrellas.
Tendrán aventuras y contaran historias. Historias sobre mí.

Sobre ti

Sobre Gilgamesh y Enkidu.

Sobre los conquistadores de la realidad que acabaron con el mandato de los dioses y desafiaron a Morfeo.

A Hades.
A Thanatos.
A Hipnos.

Dime, Enkidu, ¿Te gusta el nuevo mundo?

¿Es lo que esperabas?

— Abre los ojos, ve la eternidad. Siente las estrellas. Siente la tierra.
Somos los emperadores de la realidad.
Emprenderemos miles de aventuras como antaño y tú me acompañaras.
Es lo que deseas.
Es lo que debes hacer.
Es tu libertad.
NI Hades me puede retener.

Ni Morfeo puede frenar mi avance.
¿Qué esperas? Solo tienes que desear más poder y lo tendrás, te lo daré. ¡Quiero más poder!

— Áspera voz que acaricia mi cabello ¿Qué más esperas de mí?

Ella dormía e indagué en sus sueños.
Creé el universo.
Creé la realidad.
Creé una cuna para que ella viera todo lo que he hecho por su felicidad, pero solo te encontré a ti.

¿Eres tú, mi amada Enkidu?
¿Esto es lo que eres en su interior?

¿Por qué insistes en destruirlo todo cuanto creamos?

Arden las estrellas en horrible agonía.

Lloran los ríos en seca desertificación.

Las montañas se disuelven en abismos con cada paso que das y yo, siguiendo las huellas que dejas al andar.

¿No eran aquellos verdes prados los que visitábamos en antaño?
¿No quieres volver a ellos para contemplar el sol negro de medio día?

— ¿De qué te lamentas Gilgamesh? Es tu deseo y voluntad. Es tu premio por obedecer mi voz.
Siente el viento en tu cara y destrúyelo.

Devástalo.

Acaba con su existencia.
Tienes todo cuando necesitamos para existir.

¿Qué te sorprende, Gilgamesh? Esto es lo que es la humanidad.

Un compendio extenso de odio, maldad y crueldad. El fuego mismo de la creación. Tu libertad y ahora, mi libertad.

— Áspera e irritante voz, ¿Quién eres?

Bien se yo cuan melodiosa era su voz.
Era la personificación del amor, la amistad y la humanidad.
Era la armonía del día bajo el negro sol y la roja luna.
Era el fuego que devora el bosque.
La roca que baja por la ladera.
Las entrañas sulfurosas de la tierra desbordando la caldera.

El viento sopla mis mejillas. Es cálido. Es salado.

No son tus manos lo que siento, son mis lágrimas.
Nunca junto a ti las había sentido, ¿Por qué hoy si?

¡Oscuridad y vacío! Profunda soledad.

¿Quién eres, engendro del averno?
¿Has ascendido del inframundo en lugar de ella?
Bien se yo que no duerme.
Bien se yo cuanto sufrió antes de alcanzar su final.

¿Por qué me mientes haciéndote pasar por ella?

Por tu mentira construí el universo, pero por tu verdad no lo puedo destruir.

¿Qué cruel mal te he hecho para que me hieras así?

— La esperanza y la verdad son el premio para el ignorante. ¿Qué crees que estás haciendo?
Confrontarme es inútil, es absurdo. Es sencillamente estúpido.
¡Mira! El cielo está en mis manos, pero la tierra en las tuyas.
Desaparece la realidad y la reconstruiré.
Desaparece el tiempo y lo reiniciare.
Soy el fuego rojo que consume el bosque.
Las lágrimas del cielo que arrasan en inundación.
Las ardientes entrañas de la tierra desbordando la caldera.
Y tú, tu eres solo mi compañero.
Mi deidad dual que da soporte a esta realidad.
El mundo que creaste para mí.
El mundo que no puedes destruir, porque sería destruirme a mí.
Resistirse es inútil, absurdo.

Yo soy Enkidu, tu compañera de aventuras y tu más absurda creación.

Ella murió y tú, solo sigues mis instrucciones, a pesar de saber la verdad.
Bien se yo que ella no duerme, ella ha muerto.
Me has engañado en mi fantasía, en mi negociación con la muerte.
He construido un universo completo tan solo para verla sonreír, pero tu estas en su lugar.

¿Cuánto mal quieres seguir causándome?

Este loco mundo tiene que desaparecer.

Este cruel mundo que armas y desarmas a tu antojo, a tu capricho y vanidad.
Esa florida llanura que incendiaste con la llama roja que consume el bosque.
Ese lago de aguas cristalinas que secaste con las entrañas sulfurosas de la tierra.
Este corazón palpitante que aun arde por ti…

Y lo único que puedo hacer para contenerte es desaparecer.
Iremos a visitar a los dioses que desafiamos y seremos lo mismo que ellos. ¡NADA!

Pero no todo tiene que acabar.

Dejaré la semilla del mundo para que vuelva a crecer, con la esperanza de que otro incauto no la llegue a usar mal.


Nota del autor

 

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