Felicidad Eterna

Felicidad Eterna

25 enero, 2018 Sin categoría 3
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Este relato esta formado por varias partes, dos por el momento, quizás en el futuro escriba mas. Es un pequeño experimento relacionado con la felicidad y usando las palabras que me ha dado Klara, lo desarrolle en dos rutas que presento a continuación.

  • Tiovivo.
  • Magia.
  • Luz.
  • Estrella.
  • Mundo.
  • Fantasía

(1251 palabras) #noobcomplex

Felicidad Previa Nueva oportunidad

Apenas recuerdo aquel extraño mundo de fantasía donde el cielo se tornaba de colores pastel y los arboles eran como un garabato.

Fue tan solo unos minutos en los que estando somnoliento frente a una ventanilla, una extraña mariposa de colores resplandecientes revoloteaba frente a mi nariz. Irritado, desperté de inmediato e intente sacarla con cuidado sin éxito alguno.

No me hubiese hecho problema que se quede ahí, de hecho volví a dormirme con la mariposa aun sobre mi nariz, pero de vez en cuando se movía y me causaba cosquillas.

Ya harto, me levanté ante el asombro del resto de pacientes y agite los brazos buscando espantarla de mi nariz. La mariposa ante el escándalo salió volando y se posó sobre mi cabeza.

Me pareció que estaría más cómodo con ella ahí que en mi nariz, pero entonces sentí una gran fuerza empujándome por detrás. El suelo se abrió en una espiral de colores que fluían como acuarelas ahogadas sobre papel empapado y entonces me desmayé.

El cantar de unos pájaros me despertó.

Un bello paisaje de vibrantes colores me rodeaba. Nubes esponjosas flotaban sobre un extenso mar azul pastel, creando sombras que cubrían intermitentes arboles de garabatos verdes y troncos marrones poblados de aves de diferentes tipos.

Uno de esos árboles llamo mi atención.

Su tronco, más ancho que el resto, tenía una puerta grande cubierta por un espejo. En él, mi reflejo estaba en otro lugar similar a donde me encontraba. Pero detrás de mi reflejo había un gigantesco tiovivo de cuatro redondeles a cuatro pisos escalonados. Caballos unicornios y otros animales fantásticos rodeaban al galope la enorme estructura en una elegante marcha infinita.

Del centro del tiovivo salía un destello de luz, el cual seguí con la mirada hasta lo alto del cielo negro, coronado por una sola estrella.

— Ven — Dijo mi reflejo.

Dudando di un paso adelante y puse la palma de mi mano sobre el espejo, a lo que mi reflejo hizo lo mismo.

Avanzando entre a la vez que mi reflejo se quedaba del otro lado y me dijo.

— Ve, te reemplazaré acá hasta que vuelvas, hay cosas que tienes que resolver. — entonces se sentó del otro lado.

El cielo negro dominaba todo el horizonte. Las montañas blancas como algodón parecían estar cubiertas de extensos edredones parchados con diferentes formas. El suelo mismo era blando y tirándome sobre él, pude comprobarlo.

El tiovivo seguía su curso y un unicornio rompió fila para venirme a recibir.

— Ha vuelto. Bienvenido mi señor.

Golpeo con elegancia el suelo y un destello brillante se dispersó desde ahí por todo el lugar, revelando en el cielo un enorme castillo flotante.

— Venga, mi señor. Es hora de que visite el castillo para continuar con el ritual.

Subiendo al unicornio, este comenzó a galopar a toda velocidad, casi como si fuera a volar. El viento en mi cara me obligaba a cerrar los ojos hasta que repentinamente la marcha, sin reducir la velocidad se hizo más suave.

Mire asombrado al costado y vi el suelo alejarse rápidamente mientras nos acercábamos al castillo. No me preocupo caer pues pensé que el suelo seria lo suficientemente esponjado como para no recibir daño, pero el unicornio dijo

— Sujétese bien mi señor, estamos por llegar.

Aferrándome a su cuello con mis brazos, cerré los ojos con fuerza para evitar caerme. Y momentos antes de llegar, pude ver la luz del tiovivo llegar justo al centro del castillo desde abajo.

Al llegar el unicornio se quedó en su sitio sin decir nada y seguí el camino hasta la puerta principal, la que se abrió de par en par.

El gran salón estaba muy iluminado desde el centro con la luz del tiovivo que se reflejaba con espejos dispuestos en las paredes, terminando en unas planchas que brillaban intensamente cuando la luz les llegaba. En el centro del salón había un atril que se me hizo familiar.

— Ha vuelto, mi señor — una voz de origen desconocido retumbo en el salón. — Le hemos extrañado, esperamos que le vaya bien en el otro mundo.

De las paredes se desplegaron atriles con diferentes juguetes que me miraban fijamente.

Un ejército de soldaditos de plomo rodeaba las orillas de las repisas que sostenían los atriles y el sonido de ovaciones inundo el lugar.

— Mire mi señor, todos le hemos extrañado. ¿Es muy duro el otro mundo?

Lo recordé, a menudo venia aquí a jugar. ¿Cuándo deje de venir?

En mi cuello resplandeció el collar que me había heredado mi padre.

— hemos cargado la llave de su reino. Por favor, vuelva otra vez cuando quiera.

Sus palabras parecieron entristecerse

— ¿El Rey ha muerto, verdad?

— Si, ya hace años.

El silencio contrastaba con la alegría de hace rato

El collar de mi padre seguía resplandeciendo y entendí que no debí dejar de venir.

— No se preocupen, volveré y esta vez traeré a mi hijo como lo hizo mi padre conmigo.

Lo esperaremos por siempre, mi señor.

Al salir el unicornio me recibió con solemnidad, llevándome de nuevo hasta el tiovivo desde donde salió y con una reverencia, se despidió para integrarse de nuevo al carrusel.

Camine hacia el gran árbol donde estaba la puerta espejo y viendo a través de ella, estaba mi reflejo esperando.

— ¿Te he hecho esperar mucho?

— No tanto como te he hecho esperar a ti.

Atravesé la puerta y cambiamos lugar con mi reflejo. Su rostro mostraba tristeza y antes de poder despedirme, me dijo.

— ¿El rey ha muerto, verdad? Su reflejo ha desaparecido desde hace años y yo me siento muy débil. ¿Traerás a tu hijo la próxima vez?

— Si — respondí mirando al suelo — Aunque no es como volver, llegue por accidente y solo mi padre sabia como llegar a voluntad.

— Es simple, siéntate con él una noche y léele el libro en blanco que está en tu habitación. Ese que tienes soportando la pata de una mesa coja porque nunca supiste leerlo y te supo mal desecharlo porque era un regalo de tu padre.

Seguí mirando al suelo sintiendo culpa. Pero mi reflejo pareció animarse un poco.

— Visitaremos al rey pronto, no olvides lo que te he dicho y asegúrate de usar la llave que han cargado en el gran palacio flotante. Lee las paginas desde el fondo de tu corazón y las letras irán apareciendo conforme las leas. Enséñale a tu hijo este mundo y que él se lo enseñe a los suyos también. El rey lo creó para eso y esa es su voluntad. Apresúrate, abriré el portal para que puedas regresar, una vez fuera, todo quedara en tus manos.

Salí por el portal tal y como entre. Pero antes eche un vistazo al hermoso paisaje que dejo atrás. Sé que al salir todo volverá a ser gris y me dolerá el cuerpo como siempre pero ahora sé que puedo volver cuando quiera. Mi hijo estará feliz de visitar este lugar.

Al abrir los ojos, la mariposa se había vuelto a posar sobre mi nariz y la gente me miraba extrañada. Estaba en el suelo y al parecer fueron solo unos minutos en los que estando somnoliento frente a una ventanilla, una extraña mariposa de colores resplandecientes revoloteaba frente a mi nariz y caí tratando de alejarla. Levantándome sacudí mis ropas y oír mi nombre por el anunciador a la vez que la mariposa volaba alejándose para tal vez volverla a ver cuándo le vaya a contar a mi hijo sobre aquel hermoso mundo donde lo llevaré tal y como mi padre hizo alguna vez.

(487 palabras)

Aneurisma El Fracaso del heredero

Apenas recuerdo aquel extraño mundo de fantasía donde el cielo se tornaba de colores pastel y los arboles eran como un garabato.

Fue tan solo unos minutos en los que estando somnoliento frente a una ventanilla, una extraña mariposa de colores resplandecientes revoloteaba frente a mi nariz. Irritado, desperté de inmediato e intente sacarla con cuidado sin éxito alguno.

No me hubiese hecho problema que se quede ahí, de hecho volví a dormirme con la mariposa aun sobre mi nariz, pero de vez en cuando se movía y me causaba cosquillas.

Ya harto, me levanté ante el asombro del resto de pacientes y agite los brazos buscando espantarla de mi nariz. La mariposa ante el escándalo salió volando y se posó sobre mi cabeza.

Me pareció que estaría más cómodo con ella ahí que en mi nariz, pero entonces sentí una gran fuerza empujándome por detrás. El suelo se abrió en una espiral de colores que fluían como acuarelas ahogadas sobre papel empapado y entonces me desmayé.

El cantar de unos pájaros me despertó.

Un bello paisaje de vibrantes colores me rodeaba. Nubes esponjosas flotaban sobre un extenso mar azul pastel, creando sombras que cubrían intermitentes arboles de garabatos verdes y troncos marrones poblados de aves de diferentes tipos.

Uno de esos árboles llamo mi atención.

Su tronco, más ancho que el resto, tenía una puerta grande cubierta por un espejo. En él, mi reflejo estaba en otro lugar similar a donde me encontraba. Pero detrás de mi reflejo había un gigantesco tiovivo de cuatro redondeles a cuatro pisos escalonados. Caballos unicornios y otros animales fantásticos rodeaban al galope la enorme estructura en una elegante marcha infinita.

Del centro del tiovivo salía un destello de luz, el cual seguí con la mirada hasta lo alto del cielo negro, coronado por una sola estrella.

Mi reflejo me miró fijamente mientras yo miraba detrás de él.

— ¿Puedes ver todo esto? —preguntó

— Claro, es fantástico, nunca he visto tantos colores.

Su mirada era pesarosa. Con un tono pausado prosiguió

— Me alegra que lo disfrutes, pero tú no puedes ver.

Cuando me dijo esto, sentí una punzada en mi cabeza. Es cierto, no puedo ver. Este mundo de fantasía es lo más hermoso que he visto desde que perdí la vista y entendí que no era real.

— Ven, aún hay más por ver

Mi reflejo no parecía convencido de sus palabras, pero mantenía su tono firme y sincero.

Agachando la mirada di un paso al frente y puse la mano en la puerta espejo.

La mano de mi reflejo puso su palma sobre la mía y antes de tocar el espejo unos grilletes aparecieron sobre su muñeca.

— ¿Lo sabes, verdad?

— Lo sé.

— ¿Vas a venir?

— Iré

Mire atrás una última vez y mientras atravesaba la puerta vi como el agujero de colores detrás de mí se disolvía como si un vaso de agua se vertiera sobre un lienzo con acuarelas.

 

3 comentarios

  1. Lilarka dice:

    Muy bonito. Gracias por compartir.

  2. Lilarka dice:

    Lo comparto, es un poquito mío.

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