Las Cadenas del Rey

Las Cadenas del Rey

7 febrero, 2018 Relatos Cortos 0
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Este es un relato que me propusieron en el grupo. Un relato donde se vieran más mis emociones. Este es el resultado.

¡No! ¡Simplemente no!
¿Que hay de malo en acurrucarme en mis dominios?
basta un día para que lleguen las visitas y sé que sera un fastidio. Una señora, un señor, dos niños, dos niñas, dos jóvenes, dos jovencitas. Cuantos lleguen será un fastidio.
Que si el señor se aburre y quiere irse a casa. No lo culpo, yo en su lugar también lo haría.
Que si la señora quiere chisme y no desea marcharse. No me importa, si pudiera la echaría.
¡No! ¡simplemente no! Ya basta de intrusos en mi refugio. Niños correteando entre los muebles de la casa, por las habitaciones, por el patio, por el jardín, ¡¡por los baños!!
¿De que están hechas sus piernas? Lo que tocan lo tiran y destruyen. El señor lo minimiza, la señora lo maximiza, los jóvenes se ríen y las jovencitas miran con desdén.
Un jarrón roto, la tele en el suelo. Vomito en la cocina, lodo en el patio. Lodo en la escalera, una rodilla sangrando y el chillido del herido cual soldado caído clamando por ayuda en un cobarde intento de escapar de su destino.
No, ya basta por favor. El señor no se mueve, la señora corre en su auxilio, los jóvenes ríen y las jovencitas se pierden en su mundo.
Se pierden en su mundo, no hay quien las regrese.
Música, auriculares, risas chillonas, fastidio, fastidio y quejas.
Que el calor, que fea la pintura de la pared, que no hay Internet, que no llega la señal.
La señora carga al niño en brazos, los otros la empujan jugando, el señor se entierra en el mueble esperando el momento para escapar. Sus cadenas son invisibles, son grilletes con bola, una muy pesada que no le deja caminar.
Se van.
Se van pero no llega mi felicidad.
He ganado el pase para visitar su casa. Su horrible casa.
El señor, la señora, los niños, los jóvenes, las jovencitas. El hedor de tierra lejana que repele toda incursión y en mis pies los grilletes que me enterraran en un mueble hasta encontrar la oportunidad de escapar.

 

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