Lo que le Pertenece al Mar

Lo que le Pertenece al Mar

18 mayo, 2018 El Ojo Critico Participacion Talleres Talleres 0
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Esta es mi participación para el taller #completalahistoria del grupo El Ojo Critico donde completamos la historia según las normas citadas en este post

(510 palabras) #noobcomplex

Lo que le Pertenece Al Mar

Me descubrí con la mirada perdida en el cielo nocturno. La luna llena se paseaba con su brillante vestido blanco entre un manto negro parchado de nubes grises. El mar rugía a lo lejos y entonces me di cuenta de que estaba en una playa.

La arena de color claro resaltaba del fondo oscuro gracias a la luz de la luna. Se sentía áspera como un recuerdo lejano que apenas puedo divisar en el horizonte de mi memoria. Sentí mucho frio. Mi cuerpo pesaba y parecía hundirse en la arena que me lastraba tanto que no me podía mover.

La luna me contemplaba sin dejar su paseo nocturno mientras parecía que me hundía poco a poco, lenta e irremediablemente hasta que el mar comenzó a rugir cada vez más cerca. Un poco más cerca.

— ¿Sabes por qué ruge el mar?

Un recuerdo fugaz apareció en mi mente y acarició con calma mis oídos. Una voz familiar y delicada que parecía querer confiarme un secreto íntimo y a la vez trascendental. Cerré mis ojos esperando poder oír y pude sentir el agua acariciar mis pies. Un escalofrió recorrió mi cuerpo y el deseo de escapar se hizo más intenso. La arena no se movía pero reclamaba mi cuerpo. El mar avanzaba rugiente devorando la playa y arrastrándolo todo en su vaivén. Entonces volví a escuchar aquella suave voz.

— Puedes creerme. El mar reclama lo que es suyo.

Otra vez el mar reemplazó la voz con su rugido y la arena dejó de tragarme. Mi cuerpo pesado no respondió y el frio pareció capaz de fracturar mis huesos, destrozar mi carne y quemar mi piel.

El dolor se tornó insoportable y yo sin moverme. Las nubes avanzaban en su pacifica holgura y la luna me miraba desde lo alto.

— Llegará el día en el que nos separemos. Ya sabes, es lo normal. Aun si no estoy, quiero que mires fijamente a la luna. Ella te cuidará.

Mis ojos se llenaban de lágrimas conforme cada palabra acariciaba mis oídos y la desesperación inundó mi corazón.

Dejó de importarme que me tragara la arena. Dejó de importarme que me reclamara el mar. No quise volver a abrir los ojos al darme cuenta de que no había nadie a mi alrededor. Nadie a quien clamar por ayuda, ni siquiera para que me acompañase en esta triste despedida. Mi pecho se agitaba en pequeñas sacudidas del llanto contenido y me di cuenta de que seguía con vida.

— Abre los ojos. No es una despedida. Y aun si lo fuera, solo mira la luna. La soledad no es absoluta en este vasto mundo.

A pesar del suave susurro de mis recuerdos en mis oídos, cada palabra se sentía como una punzada en mi pecho que se movía cada vez más débil de tanto llorar. El mar ya me cubría hasta el cuello y entendí sus palabras “El mar reclama lo que es suyo”

Abrí los ojos y ya completamente a su merced, vi la luna vestirse de plata.

— Ah. No pude escapar, verdad? Espérame, voy de regreso.

 

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