Taller de Escritura Móntame una Escena

Si, no soy muy puntual subiendo mis participaciones…

En esta oportunidad quiero compartir una ya del lejano año 2015, del taller de escritura de Literáutas llamado «Móntame una escena»

La razón por la que lo comparto ahora en el año 2022 es porque quiero encontrar cada una de las cosas que he hecho en mi paso por internet y dejar constancia de ello. Probablemente me tarde un poco puesto que aunque prácticamente es un honor o victoria o logro salir en una antología, nunca fui muy organizado.

Mi participación en este caso puede ser encontrada en la misma pagina de Literáutas, en el post Libro del Taller de Escritura “Móntame una Escena” – Recopilación 2, compilación que se puede descargar en PDF y encontrar también en Amazon, donde las ganancias se derivarían íntegramente a una ONG llamada Ayuda en Acción.

Como es de esperarse tras tantos años desde la publicación de esa antología, la propietaria ya se ha quemado por diversas explicaciones que describe en la ultima entrada y el taller se encuentra suspendido indefinidamente. A mi me gustaba mucho. Por autorización de la misma creadora del taller, ahora existe otra página llamada «Café Literautas» que intenta seguir con el proyecto, guiada por K. Marce, quien participaba en los talleres también.

El relato con el que participé tenia que cumplir con una sola regla: terminar con la frase «Los tambores comenzaron a sonar».

Los detalles, junto a mi participación y la de los demás, se encuentran en el siguiente enlace.

Camping

¿Sabes? hoy ha sido un día emocionante, te aseguro que nunca
he estado bajo tantas emociones en tan pocas horas. Esto es como
un juego, todos se ocultan, yo me oculto.

Seguramente ya han descalificado a algunos y no tengo ganas de
ser uno de ellos. Los gritos de la gente retumban en mi cabeza, no
se oyen muy felices, yo no lo estoy.

Odio sentirme acorralado.

Hay participantes atrasados, tardaron mucho en llegar. Maldita
policía, ¿por qué tardaron tanto en llegar? Esto no es un juego
divertido, pero sin duda es emocionante. Es decir, llevo horas
corriendo y ocultándome.

El tipo allá afuera está disparando contra todo lo que se mueva.
Puedo oír a la gente fuera del alcance de las balas. Gritan y reclaman
que alguien haga algo, sin siquiera atreverse a asomar la cara.

¿Que reclaman?

¿Están asustados?

¡Yo debería estar asustado!

Pero en realidad, siento un poco de envidia.

No de los que están a salvo, si no del tipo que dispara. Es decir,
cualquiera ha pensado en matar a alguien, pero yo tengo que pensar
en no matar a alguien.

¡Hop! Hora de cambiar de lugar.

Corriendo sigilosamente, puedo oír las balas casi rozar contra
mi cabeza. Los rebotes de cada disparo contra los objetos del lugar
causan multitudes de escombros hiriendo a más personas.

Una pared con una ventana grande me sirve de refugio y de un
perfecto lugar para seguir observando al compañero aventurero
que se ha puesto a jugar tiro al blanco o al negro o al mulato o
mestizo o a mí.

¡Maldito! ¡Odio ser la víctima!

Alguna vez he pensado en como quisiera que sea mi funeral.

Creo que me gustaría que sea un momento feliz, porque yo fui feliz.
Me gustaría que cuando mi féretro baje, una orquesta con tambores
toque una música alegre para calmar los dolidos corazones de
quienes estén allí.

Lo sé, no soy un ciego emocional, la gente sufre cuando sus
conocidos, familiares y allegados mueren y mi muerte no será
diferente. Solo los quiero calmarlos un poco.

Frente a mi hay una pequeña bodega, espero que haya algo útil
para escapar.

Ente un montón de cosas de limpieza, encuentro un machete
recién afilado. Creo que es del conserje y creo que no me reclamará
si lo uso, después de todo, fue el primero en perder el juego.

Otra vez la balacera amenaza mi refugio y comienzo a
moverme lo más discreto que puedo. Ya no sé si estoy escapando
o solo postergando mi muerte, este tipo parece estar armado con
municiones infinitas, ¡¡Es un maldito hacker, eso es trampa!!

Para colmo campea el muy desgraciado, odio que en este juego
solo se tenga una vida. Si no fuera así, ya me lo hubiese cargado.

La balacera me ha forzado a huir al segundo piso, vuelvo a buscar
una ventana para observar el panorama lo más seguro posible.
Allá se encuentra tirada mi amiga, la pobre se ve herida pero
se hace la muerta. ¡Bien jugado!, espero que este loco no se dé
cuenta…

El resto de personas que yacen cerca de ella no han tenido la
misma suerte, de hecho, uno de ellos cubre a mi amiga, ha muerto
defendiéndola, ¡Tengo que hacer algo para que al menos ella se
salve!

Puedo oír en mi cabeza a la gente llorando por todos estos que
han caído. Odio verlos sufrir, nadie merece morir.

No soy ni quiero ser un psicópata, pero este tipo pide que lo
maten. El machete en mis manos solo consigue emocionarme más.

¿Qué se sentirá cercenar la cabeza de alguien?

¿Existirá alguna forma de hacerlo sin sufrir consecuencias?

La oportunidad de responder mis preguntas esta agachada bajo
mi ventana. El tipo se ve exhausto, el uso de armas es agotador.

Parece un blanco perfecto, un héroe sería genial en este
momento, pero esos no existen, nadie es tan estúpido como para
lanzarse a una muerte segura. Ni la policía entra a pesar de sus
chalecos antibalas.

Sigo oyendo voces clamando por un héroe, ya dije que eso no
existe, ¡Cierren la boca!

No hay nadie en mejor lugar para interceptarlo que yo. Esta tan
cansado que ahora él es un blanco perfecto.

La perspectiva me emociona, creo que es hora de jugar con mis
reglas.

Asomándome por una saliente de la ventana, preparo el machete
y me preparo para lanzarme contra el tipo. De aquí solo saldré
yo, como psicópata o como héroe y mientras caigo, los tambores
comenzaron a sonar.