Blog sobre literatura y creatividad.

Categoría: Retos Página 1 de 2

Retos en los que he participado.

Danzando Alrededor del fuego

La Felicidad que se Negaron

Mi turno para el #tallerapocaliptico en el grupo “El Ojo Critico” según las especificaciones:

Una de las cosas que mas me impresiona es la habilidad de crear ambientes alegres, tranquilos o felices capaces de transmitir emociones tan contrarias como tristeza, desesperanza o angustia. he leído algunos ejemplos y el mas reciente es “La ultima noche del mundo” de Ray Bradbury que usare como ejemplo para explicar lo que digo.
http://ciudadseva.com/texto/la-ultima-noche-del-mundo/
el reto que propongo es tratar de describir una historia, sea contemporánea, apocalíptica o post-apocalíptica que transmita una primera impresión feliz, pero de fondo haga sentir desesperanza o tristeza. en menos de 500 palabras.
como curiosidad, si lo desean, pueden agregar cuanto tiempo les ha llevado y en que se han inspirado para escribirlo.

Yo

(556 palabras) #noobcomplex

Tiempo de escritura: 20 minutos

Realmente no se en que me inspiré, tal vez en una especie de purgatorio, pero buscando que sea feliz. digamos que no lo tengo claro


La Felicidad que se Negaron

Danzando Alrededor del fuego
Danzando Alrededor del fuego

En el amanecer del tercer día, el festival estaba en todo su apogeo. Los rostros felices de las familias mostraban la emoción de asistir al último evento del año. Una niña avanzaba zarandeando su osito mientras saltaba entre los transeúntes que iban desapareciendo según avanzaba. Había perdido a sus padres, pero no lo sabía. No los recordaba, no le importaba.

El centro estaba lleno de personas bailando al ritmo de una suave canción que sonaba a lo lejos sin poder determinarse su origen. Coreografías elegantes desplegaban un mar de movimiento que hacía que la multitud se mueva coordinada como un ejército de hormigas que siguen un rastro en círculo que se extiende y contrae según cambia el tono de la música.

Los danzantes toman una pareja, cualquier miembro de la multitud cada vez más pequeña y bailan según suena la siguiente canción. Un suave Valtz con el cual se pegan y alejan con una sonrisa sincera de felicidad hasta que cansados al final de la canción, hacían una reverencia y desaparecían sin que a nadie le importara.

Las calles están llenas de locales adornados con todas sus galas. Comidas sabrosas se ofrecen a mitad de precio mientras las personas se abomban a las puertas esperando ser atendidas y con la eficiencia de mil máquinas los recepcionistas despachan sus productos con rapidez.

La emoción de la gente al recibir lo que buscaban era sin duda algo digno de admirar. Las familias buscaban un lugar donde tranquilos, con el murmullo de la gente conversando a su alrededor, se sentaban a comer, disfrutar de sus alimentos los cuales frecuentemente eran compartidos para probar los sabores que no eligieron. Algunos conversaban sobre lo que les había ocurrido durante el día y otro sobre cosas del trabajo. Algunas lágrimas corrían por sus rostros tras disculparse por alguna cosa del pasado y otros tan solo se recostaron a ver las nubes pasar mientras con dulces palabras se despedían y ascendían como un vapor etéreo que se disipaba en el aire.

El día avanzaba, las multitudes se disolvían como polvo arrastrado por el agua de la lluvia y los locales fueron cerrando, satisfechos de unas buenas ventas y quedaron vacíos.

La ciudad quedó vacía. El campo quedó vacío. El día se iba degradando mientras la noche nacía al ritmo de una suave canción que aún se oía en los parques donde los restantes aun jugaban.

Niños sin padres caminaban entre los juegos buscando algo que jamás existió, algo que nunca tuvieron y olvidando sus preocupaciones, comenzaron a entretenerse en largas conversaciones cuando no, en divertidos juegos que ellos mismos inventaban.

Los locales de comida aún tenían dulces y frutas que tomaban libremente y compartían hasta quedar satisfechos, llenos, felices.

El agotamiento llegaba a todos por igual y mientras una niña caminaba entre todos, cada uno de ellos fue despidiéndose con una sonrisa alegre con la esperanza de jugar una vez más, algún día como lo hicieron esta vez. Tal vez desearon atesorar su felicidad en el fondo de sus corazones, mientras se convertían en un vapor intangible que se diluía en el aire.

La niña por su parte, llegando a lo alto de un juego con cuatro resbaladeras se sentó y frente a su osito comentó.

— No tuve de quien despedirme. ¿Te quedarías aquí como recuerdo de nuestra amistad?

El osito sin decir nada observo como aquella hermosa sonrisa desaparecía con un imponente manto negro sin estrellas de fondo.

caseta de vigilancia

Llamada de emergencia Taller Ojo Critico -Terror-

Esta es mi participación para el taller de “El Ojo Critico” en la categoría de terror, bajo los requerimientos de:

Intentar centrarnos en situaciones o momentos que causen pánico, no incluiremos fenómenos paranormales; a ser posible, tampoco horror.

Palabras: 1014

Tiempo de escritura: 43 minutos

#tallerojocriticoterror

Palabras del reto:

  • Tarde
  • Calma
  • Somnoliento
  • Espeluznante
  • Parchís
  • Lúgubre
  • Tiempo

Llamada de Emergencia

caseta de vigilancia
Imagen obtenida de: https://suarezepr68.wordpress.com/2019/01/21/camaras-en-la-caseta-parte-1-y-2/

En una noche tranquila de luna llena, el viento soplaba en calma a través de las ventanillas de la recepción. El aire acondicionado estaba roto pero no era necesario ya que el clima daba para trabajar sin él.

Somnoliento en la silla frente a tantas pantallas como cámaras formaran el sistema de circuito cerrado estaba el guardia de turno quien lamentaba no poder poner algo de música para entretener el ambiente, mientras movía al azar las piezas de un tablero de parchís que le habían regalado para entretenerse en el trabajo, pero que no sabía usar. Movía nerviosamente las piezas a pesar de casi no poderlas ver con la tenue luz grisácea de las pantallas a blanco y negro, inquieto al haberse roto luces y aparatos casi sin razón aparente lo que le dio al lugar un tono lúgubre que presagiaba una noche espeluznante y larga.

La tarde había transcurrido con normalidad según las palabras de su compañero del turno anterior. Las labores de mantenimiento estaban a punto de terminar y las instalaciones comenzaban a ser acogedoras después de años de abandono. Los turnos nocturnos nunca habían sido agradables pero desde que arreglaron la sección de vigilancia en la recepción, ya no le molestaba hacer su trabajo.

Las luces de los pasillos titilaban constantemente. Lo único que tenía que hacer era disuadir a los niños de incursiones aventureras y a los vándalos de sabotear la infraestructura. Los rumores de posesiones, espíritus y cosas sobrenaturales se disiparon al encontrar graves fallos en las instalaciones eléctricas que quemaban aparatos y desniveles que cerraban bruscamente las puertas. Con el mantenimiento cada cosa permanecía en su lugar, cada aparato funcionaba según estaba previsto, cada movimiento estaba controlado.

El silencio continuo reinando, las cámaras solo graban video así que dependía de sus oídos para saber cómo debía intervenir, pero el ambiente empezaba a hacer mella en su eficiencia y se notaba cuando saltó al oír un chillido que resultó ser una rata cayendo en una de las últimas trampas que se habían puesto para eliminar las plagas.

Eran las doce de la noche y quedaban menos horas para terminar su turno, el guardia empezaba a preguntarse si podía usar el teléfono para escuchar un sonido más alegre y al poner la bocina en su oído se dio cuenta de que la línea estaba muerta.

Las pantallas titilaron y el destello blanco rápidamente capto su atención. Algo se movió mientras estaba distraído pero logro darse cuenta mirando de reojo. El sonido de unos pasos y una respiración agitada lo turbaron y tomando la linterna de mano, se acercó al pasillo para comprobar una vez más que no había nada.

Regresando a su puesto pensó que ya había tenido suficiente de ese trabajo. Pero solo faltaba una noche para poder dejarlo. Esta noche y nada más.

Una vez más escucho el sonido de unos pasos, a más velocidad que los primeros y gimoteos desesperados ahogados en sollozos, esta vez en otra dirección.

Dejando de dudar quiso disipar sus pensamientos sobrenaturales que ya le oprimían el pecho para lo cual tomo su linterna y la porra eléctrica para confirmar si eran niños haciendo alguna prueba de valor o algo diferente.

Ya saliendo por la puerta, miró por última vez la pantalla esperando ver algo que le evite moverse en vano pero no hacinada, resignado se dispuso a salir cuando un destello le hizo volver a ver y en la pantalla cinco, vio que la puerta de la habitación veinticinco estaba abierta.

Ya harto de la opresión en el pecho que le estaba causando la tensión, volvió a disponerse a salir a investigar cuando el sonido del teléfono en recepción le hizo saltar el corazón.

Sabiendo que el teléfono estaba muerto, su valentía y confianza en que no habría nada sobrenatural se derrumbó al instante. Temblando se acercó despacio al teléfono, temiendo la ridícula idea de que algo fuera a saltar de ahí y ya teniéndolo en sus manos, lo levantó y escuchó casi rezando que no pudiera escuchar nada por la bocina.

Aparte del ruido normal de la interferencia, parecía poder escucharse débilmente el sonido de un corazón latiendo muy agitado y una pesada respiración. Aterrado ante esto pero aun con algo de cordura sobre sus hombros, preguntó

—Buenas noches, Hotel 171, ¿en qué puedo ayudarle?

Sin saber por qué, solo alcanzo a decir lo que le habían enseñado a responder cuando estaba en el turno matutino. Esperaba que los sonidos cesaran pero el palpitar parecía acelerarse mientras unos pasos se oían de fondo.

Una puerta se cerraba con cuidado al tiempo que otra se abría violentamente.

—¿Hola? Si esto es una broma, le pido que cuelgue. —Dijo con voz temblorosa mientras miraba la pantalla. Ahora hay dos puertas abiertas.

Por la bocina del teléfono se escuchaban sollozos cada vez más fuertes mientras que el sonido de palpitar se aceleraba y se hacía más audible

—A… Auxilio, por favor. ¡Que alguien me ayude! —Dijo una voz femenina al borde del llanto

—¿Quién es usted? ¿Dónde se encuentra?

—Auxilio, emergencias, ¡Van a matarme!

—Esto no es emergencias, es el hotel 171, llamare a emergencias, dígame donde se encuentra.

—No lo sé… escapé… Auxilio, vienen por mí.

El guardia estuvo a punto de colgar para llamar a emergencia cuando se dio cuenta de que eso sería abandonar a la chica y también que no hay línea de salida.

Armándose con la porra eléctrica se dispuso a salir cuando oyó por la bocina una puerta abriéndose bruscamente y a la chica comenzar a gritar.

Un escalofrío recorrió su espalda cuando se dio cuenta de que estos sonidos no solo provenían de la bocina y tomándola comenzó a gritar.

—¡Señorita! ¡Señorita! Respóndame, ¿dónde se encuentra? La ayuda va en camin…

Un disparo que retumbó en todo el hotel dejo todo en silencio. Soltando el teléfono cedió al temblor de sus piernas y miró por última vez la pantalla, viendo a un sujeto enmascarado mirándolo a través de las cámaras. La cámara número uno. La que apunta a la puerta de recepción. Entonces la puerta se abrió.

Al Borde del Precipicio

Bueno, este es un poema, tipo antipoesía para el taller de el ojo critico iniciado por el usuario Lectura de Retrete según las siguientes características:

Hola buenos días. Iniciamos este martes con un pequeño reto. Escribir antipoesía.
Escribiremos del amor y la amistad pero buscaremos ese amor y esa amistad de manera distinta,desde otro punto, ese punto real.
Buscaremos tocar las cosas que nos molestado y las endulzaremos con la alegría que nos dan las molestias.

Mi participación es la siguiente

Palabras: 85

Versos: 4


El error, mi error
El silencio del gran hablador
Aquellas palabras que desbordaban
hoy son carcomidas por un roedor.

El error, mi error.
El fuego del inútil oidor.
la cera en los oídos de quien una vez juró
y como siempre, no cumplió.

Desesperación, tu desesperación.
Mi silencio y falta de audición.
Tu silencio y nuestra decepción
Nuestra paz al sentarnos para ver morir al sol.

Hedor, putrefacción.
Algo se pudre en nuestro interior
Ninguno espera sacar la basura.
Nos conformamos con observar nuestro error.

Hombre aburrido en un sillón

Relato corto: Las Cadenas del Rey

Este relato es un intento de representar el tedio de los compromisos sociales. Es un experimento que me propusieron en el grupo y he aderezado con un poco de mi sentir. Me parece que el resultado es muy interesante.

Palabras: 348


Las Cadenas del Rey

Hombre aburrido en un sillón
Hombre aburrido en un sillón

 ¡No! ¡Simplemente no!

¿Qué hay de malo en acurrucarme en mis dominios?

Basta un día para que lleguen las visitas y sé que será un fastidio. Una señora, un señor, dos niños, dos niñas, dos jóvenes, dos jovencitas. Cuantos lleguen será un fastidio.

Que si el señor se aburre y quiere irse a casa. No lo culpo, yo en su lugar también lo haría.

Que si la señora quiere chisme y no desea marcharse. No me importa, si pudiera la echaría.

¡No! ¡simplemente no! Ya basta de intrusos en mi refugio. Niños correteando entre los muebles de la casa, por las habitaciones, por el patio, por el jardín, ¡¡por los baños!!

¿De qué están hechas sus piernas? Lo que tocan lo tiran y destruyen. El señor lo minimiza, la señora lo maximiza, los jóvenes se ríen y las jovencitas miran con desdén.

Un jarrón roto, la tele en el suelo. Vómito en la cocina, lodo en el patio. Lodo en la escalera, una rodilla sangrando y el chillido del herido cual soldado caído clama por ayuda en un cobarde intento de escapar de su destino.
No, ya basta por favor. El señor no se mueve, la señora corre en su auxilio, los jóvenes ríen y las jovencitas se pierden en su mundo…Se pierden en su mundo y no hay quien las regrese.

Música, auriculares, risas chillonas, fastidio, fastidio y quejas.

Que el calor, que fea la pintura de la pared, que no hay Internet, que no llega la señal.

La señora carga al niño en brazos, los otros la empujan jugando, el señor se entierra en el mueble esperando el momento para escapar. Sus cadenas son invisibles, son grilletes con bola, una muy pesada que no le deja caminar…
Hasta que se van….

Se van pero no llega mi felicidad.

He ganado el pase para visitar su casa. Su horrible casa.

El señor, la señora, los niños, los jóvenes, las jovencitas. El hedor de tierra lejana que repele toda incursión y en mis pies los grilletes que me enterraran en un mueble hasta encontrar la oportunidad de escapar.

Felicidad Eterna

Este relato esta formado por varias partes, dos por el momento, quizás en el futuro escriba mas. Es un pequeño experimento relacionado con la felicidad y usando las palabras que me ha dado Klara, lo desarrollé en dos rutas que presento a continuación.

  • Tiovivo
  • Magia
  • Luz
  • Estrella
  • Mundo
  • Fantasia

(1251 palabras) #noobcomplex


Nueva oportunidad

Apenas recuerdo aquel extraño mundo de fantasía donde el cielo se tornaba de colores pastel y los arboles eran como un garabato.

Fue tan solo unos minutos en los que estando somnoliento frente a una ventanilla, una extraña mariposa de colores resplandecientes revoloteaba frente a mi nariz. Irritado, desperté de inmediato e intente sacarla con cuidado sin éxito alguno.

No me hubiese hecho problema que se quede ahí, de hecho volví a dormirme con la mariposa aun sobre mi nariz, pero de vez en cuando se movía y me causaba cosquillas.

Ya harto, me levanté ante el asombro del resto de pacientes y agite los brazos buscando espantarla de mi nariz. La mariposa ante el escándalo salió volando y se posó sobre mi cabeza.

Me pareció que estaría más cómodo con ella ahí que en mi nariz, pero entonces sentí una gran fuerza empujándome por detrás. El suelo se abrió en una espiral de colores que fluían como acuarelas ahogadas sobre papel empapado y entonces me desmayé.

El cantar de unos pájaros me despertó.

Un bello paisaje de vibrantes colores me rodeaba. Nubes esponjosas flotaban sobre un extenso mar azul pastel, creando sombras que cubrían intermitentes arboles de garabatos verdes y troncos marrones poblados de aves de diferentes tipos.

Uno de esos árboles llamo mi atención.

Su tronco, más ancho que el resto, tenía una puerta grande cubierta por un espejo. En él, mi reflejo estaba en otro lugar similar a donde me encontraba. Pero detrás de mi reflejo había un gigantesco tiovivo de cuatro redondeles a cuatro pisos escalonados. Caballos unicornios y otros animales fantásticos rodeaban al galope la enorme estructura en una elegante marcha infinita.

Del centro del tiovivo salía un destello de luz, el cual seguí con la mirada hasta lo alto del cielo negro, coronado por una sola estrella.

— Ven — Dijo mi reflejo.

Dudando di un paso adelante y puse la palma de mi mano sobre el espejo, a lo que mi reflejo hizo lo mismo.

Avanzando entre a la vez que mi reflejo se quedaba del otro lado y me dijo.

— Ve, te reemplazaré acá hasta que vuelvas, hay cosas que tienes que resolver. — entonces se sentó del otro lado.

El cielo negro dominaba todo el horizonte. Las montañas blancas como algodón parecían estar cubiertas de extensos edredones parchados con diferentes formas. El suelo mismo era blando y tirándome sobre él, pude comprobarlo.

El tiovivo seguía su curso y un unicornio rompió fila para venirme a recibir.

— Ha vuelto. Bienvenido mi señor.

Golpeo con elegancia el suelo y un destello brillante se dispersó desde ahí por todo el lugar, revelando en el cielo un enorme castillo flotante.

— Venga, mi señor. Es hora de que visite el castillo para continuar con el ritual.

Subiendo al unicornio, este comenzó a galopar a toda velocidad, casi como si fuera a volar. El viento en mi cara me obligaba a cerrar los ojos hasta que repentinamente la marcha, sin reducir la velocidad, se hizo más suave.

Mire asombrado al costado y vi el suelo alejarse rápidamente mientras nos acercábamos al castillo. No me preocupo caer pues pensé que el suelo seria lo suficientemente esponjado como para no recibir daño, pero el unicornio dijo

—Sujétese bien, mi señor, estamos por llegar.

Aferrándome a su cuello con mis brazos, cerré los ojos con fuerza para evitar caerme. Y momentos antes de llegar, pude ver la luz del tiovivo llegar justo al centro del castillo desde abajo.

Al llegar el unicornio se quedó en su sitio sin decir nada y seguí el camino hasta la puerta principal, la que se abrió de par en par.

El gran salón estaba muy iluminado desde el centro con la luz del tiovivo que se reflejaba con espejos dispuestos en las paredes, terminando en unas planchas que brillaban intensamente cuando la luz les llegaba. En el centro del salón había un atril que se me hizo familiar.

— Ha vuelto, mi señor —una voz de origen desconocido retumbo en el salón. —Le hemos extrañado, esperamos que le vaya bien en el otro mundo.

De las paredes se desplegaron atriles con diferentes juguetes que me miraban fijamente.

Un ejército de soldaditos de plomo rodeaba las orillas de las repisas que sostenían los atriles y el sonido de ovaciones inundo el lugar.

—Mire mi señor, todos le hemos extrañado. ¿Es muy duro el otro mundo?

Lo recordé, a menudo venia aquí a jugar. ¿Cuándo deje de venir?

En mi cuello resplandeció el collar que me había heredado mi padre.

—Hemos cargado la llave de su reino. Por favor, vuelva otra vez cuando quiera.

Sus palabras parecieron entristecerse

—¿El Rey ha muerto, verdad?

—Si, ya hace años.

El silencio contrastaba con la alegría de hace rato

El collar de mi padre seguía resplandeciendo y entendí que no debí dejar de venir.

—No se preocupen, volveré y esta vez traeré a mi hijo como lo hizo mi padre conmigo.

Lo esperaremos por siempre, mi señor.

Al salir el unicornio me recibió con solemnidad, llevándome de nuevo hasta el tiovivo desde donde salió y con una reverencia, se despidió para integrarse de nuevo al carrusel.

Camine hacia el gran árbol donde estaba la puerta espejo y viendo a través de ella, estaba mi reflejo esperando.

—¿Te he hecho esperar mucho?

—No tanto como te he hecho esperar a ti.

Atravesé la puerta y cambiamos lugar con mi reflejo. Su rostro mostraba tristeza y antes de poder despedirme, me dijo.

—¿El rey ha muerto, verdad? Su reflejo ha desaparecido desde hace años y yo me siento muy débil. ¿Traerás a tu hijo la próxima vez?

—Si —respondí mirando al suelo —Aunque no se como volver, llegue por accidente y solo mi padre sabia como llegar a voluntad.

—Es simple, siéntate con él una noche y léele el libro en blanco que está en tu habitación. Ese que tienes soportando la pata de una mesa coja porque nunca supiste leerlo y te supo mal desecharlo porque era un regalo de tu padre.

Seguí mirando al suelo sintiendo culpa. Pero mi reflejo pareció animarse un poco.

—Visitaremos al rey pronto, no olvides lo que te he dicho y asegúrate de usar la llave que han cargado en el gran palacio flotante. Lee las paginas desde el fondo de tu corazón y las letras irán apareciendo conforme las leas. Enséñale a tu hijo este mundo y que él se lo enseñe a los suyos también. El rey lo creó para eso y esa es su voluntad. Apresúrate, abriré el portal para que puedas regresar, una vez fuera, todo quedara en tus manos.

Salí por el portal tal y como entre. Pero antes eche un vistazo al hermoso paisaje que dejo atrás. Sé que al salir todo volverá a ser gris y me dolerá el cuerpo como siempre pero ahora sé que puedo volver cuando quiera. Mi hijo estará feliz de visitar este lugar.

Al abrir los ojos, la mariposa se había vuelto a posar sobre mi nariz y la gente me miraba extrañada. Estaba en el suelo y al parecer fueron solo unos minutos en los que estando somnoliento frente a una ventanilla, una extraña mariposa de colores resplandecientes revoloteaba frente a mi nariz y caí tratando de alejarla. Levantándome sacudí mis ropas y oír mi nombre por el anunciador a la vez que la mariposa volaba alejándose para tal vez volverla a ver cuándo le vaya a contar a mi hijo sobre aquel hermoso mundo donde lo llevaré tal y como mi padre hizo alguna vez.

(487 palabras)

El Fracaso del heredero

Apenas recuerdo aquel extraño mundo de fantasía donde el cielo se tornaba de colores pastel y los arboles eran como un garabato.

Fue tan solo unos minutos en los que estando somnoliento frente a una ventanilla, una extraña mariposa de colores resplandecientes revoloteaba frente a mi nariz. Irritado, desperté de inmediato e intente sacarla con cuidado sin éxito alguno.

No me hubiese hecho problema que se quede ahí, de hecho volví a dormirme con la mariposa aun sobre mi nariz, pero de vez en cuando se movía y me causaba cosquillas.

Ya harto, me levanté ante el asombro del resto de pacientes y agite los brazos buscando espantarla de mi nariz. La mariposa ante el escándalo salió volando y se posó sobre mi cabeza.

Me pareció que estaría más cómodo con ella ahí que en mi nariz, pero entonces sentí una gran fuerza empujándome por detrás. El suelo se abrió en una espiral de colores que fluían como acuarelas ahogadas sobre papel empapado y entonces me desmayé.

El cantar de unos pájaros me despertó.

Un bello paisaje de vibrantes colores me rodeaba. Nubes esponjosas flotaban sobre un extenso mar azul pastel, creando sombras que cubrían intermitentes arboles de garabatos verdes y troncos marrones poblados de aves de diferentes tipos.

Uno de esos árboles llamo mi atención.

Su tronco, más ancho que el resto, tenía una puerta grande cubierta por un espejo. En él, mi reflejo estaba en otro lugar similar a donde me encontraba. Pero detrás de mi reflejo había un gigantesco tiovivo de cuatro redondeles a cuatro pisos escalonados. Caballos unicornios y otros animales fantásticos rodeaban al galope la enorme estructura en una elegante marcha infinita.

Del centro del tiovivo salía un destello de luz, el cual seguí con la mirada hasta lo alto del cielo negro, coronado por una sola estrella.

Mi reflejo me miró fijamente mientras yo miraba detrás de él.

—¿Puedes ver todo esto? —preguntó

—Claro, es fantástico, nunca he visto tantos colores.

Su mirada era pesarosa. Con un tono pausado prosiguió

—Me alegra que lo disfrutes, pero tú no puedes ver.

Cuando me dijo esto, sentí una punzada en mi cabeza. Es cierto, no puedo ver. Este mundo de fantasía es lo más hermoso que he visto desde que perdí la vista y entendí que no era real.

—Ven, aún hay más por ver

Mi reflejo no parecía convencido de sus palabras, pero mantenía su tono firme y sincero.

Agachando la mirada di un paso al frente y puse la mano en la puerta espejo.

La mano de mi reflejo puso su palma sobre la mía y antes de tocar el espejo unos grilletes aparecieron sobre su muñeca.

—¿Lo sabes, verdad?

—Lo sé.

—¿Vas a venir?

—Iré

Mire atrás una última vez y mientras atravesaba la puerta vi como el agujero de colores detrás de mí se disolvía como si un vaso de agua se vertiera sobre un lienzo con acuarelas.

Un héroe en el Metro

Este es un relato para el grupo Deus Ex Machina(actualmente cerrado) para el  “Reto Blogger” basado en una imagen dada.

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Un Héroe en el Metro

Al ver su reloj, recuerda que va tarde al trabajo. No se siente bien gracias a una enfermedad oportunista que lo ha atacado por sus horas extra y exceso de estrés. Sus constantes y molestos estornudos le recuerdan que aun a pesar de estar al borde de la muerte, tiene que trabajar, eso a pesar de ser solo un resfriado.

El metro, congestionado como siempre, avanza a velocidad constante mientras arrulla a muchos de los pasajeros. Todos como el aguardan resignados el largo trayecto enlatado hasta su destino, deseando que termine pronto al mismo tiempo que desean no termine jamas.

No ha desayunado, apenas logro despertar para ir a trabajar, a pesar de las horas despierto, cinco minutos de sueño lo pueden condenar a un día sin sueldo, no tan grande descuento, pero un duro golpe para su miseria, el debe ir a trabajar.

Un hombre duerme en su asiento recostado sobre un barandal. los demás tratan de ignorarlo mientras luchan contra el sueño pero lo monótono del viaje les hace la lucha imposible.

Se pregunta si es que es lo único que puede hacer mientras revisa sus cosas, dándose cuenta de que le faltan unos documentos. Muy tarde para regresar.

Hiro. Nombre muy parecido a “Hero” en ingles, ha sido el nombre que lo ha anclado a su condena. Héroe definitivamente no es y su vida aburrida ni siquiera es útil para la sociedad.

Se imagina que podría volar. Llegar muy lejos con su poder y visitar muchos lugares bonitos cuando salga de vacaciones del trabajo. Tal vez ir a una zona tropical, lejos de las siempre azotadas por el clima, islas de Japón.

La nieve le estorba, mas bien, la hacinación que provoca esta en la gente.

Todos metidos en el mismo lugar, buscando refugio con tal indiferencia que la única razón por la que se han cambiado su rutina es por el riesgo de morir. El cuerpo sabe sus limites, los humanos no comprenden sus propias limitaciones.

Hiro. El héroe volador que se fue a una zona tropical. Suena bien, si no se va lejos, podría al menos evitar subir al metro, lo importante es estar lejos de la congestión.

No estaría mal tener súper velocidad si no puede volar.

Regresaría a casa por los papeles que dejó y así no recibiría el regaño de su jefe y la correspondiente multa. Sin multa, tendría suficiente dinero para ir de vacaciones, aunque sea a una isla cercana, la playa tal vez.

La gente sigue adormecida. Cuando no duermen, hablan por teléfono, lo leen, lo tocan con la vehemencia de un amante desesperado. Telepatía entonces seria un buen poder. Tal vez algo como algún sentido de tecnocepcion para tener Internet en la cabeza y chatear con sus amigos a cada rato. Pero distraerse en horarios de oficina le acarrearía una multa, no se puede permitir mas multas, tan solo la que va a recibir por dejar los papeles sera grave.

Igual, no tiene amigos, no seria una habilidad muy útil…

Los vagones del tren se sacuden a intervalos regulares. Hiro mira por la ventana el paisaje que va quedando detrás y se da cuenta de que el mundo no necesita héroes. Menos uno que quiere irse de vacaciones, chatear en el trabajo y correr a ultra velocidad.

Las personas del vagón no lo miran, el lo agradece a pesar de que la mascara no deja ver sus expresiones.

Se dio cuenta de que ni aun siendo héroe, ni aun en sus propias fantasías, puede dejar de ir trabajar.

 

El hombre Bicentenario

Relato para el desafío Blogger del grupo Deus Ex Machina(actualmente extinto) sobre las consecuencias del alargamiento vital según la medicina moderna.


[aesop_content color=”#ffffff” background=”#333333″ columns=”1″ position=”none” imgrepeat=”no-repeat” disable_bgshading=”off” floaterposition=”left” floaterdirection=”up” revealfx=”off” overlay_revealfx=”off”]William Mc Laren fue un investigador arriesgado.
Inspirado por el poder de las células HeLa, dedico un tercio de su vida a su investigación y al desarrollo de un tratamiento para la longevidad.
Al segundo tercio de su vida, busco autorización por sobre las normas éticas de la época para aplicar sus descubrimientos.
Al tercer tercio rehuye del contacto humano.
Con doscientos años de vida entendió que, los humanos solo son útiles un corto periodo de tiempo sin importar cuan larga sea su vida.
Todos sus descubrimientos fueron desechados y clasificados y el, aun esperando su muerte se esconde en alguna parte del mundo mientras su caótico cuerpo inmortal sigue desafiando las normas de convivencia celular. El es ahora, un cáncer viviente. No muy diferente de un humano normal.
[/aesop_content]
 

La maldicion

Este relato pertenece a mi participación en el “Taller de #escritura nº25. Móntame una escena: la maldición” y también forma parte de mis relatos y novelas correspondientes a las crónicas, de las que hablaré mas adelante.

Escena propuesta
La escena de este mes tendrá un único requisito: ha de llevar por título La maldición, a secas, sin ninguna palabra más. Solo La maldición. A ver qué os sugiere este título a cada uno de vosotros.

Reto opcional
Como reto extra y opcional (esto quiere decir que NO tenéis que hacerlo si no queréis, pero siempre es recomendable porque sirve de ayuda para pulir técnicas narrativas), os proponemos escribir todo el relato sin usar la letra “t”. ¿Os atrevéis a intentarlo?

Si queréis probar suerte con el reto opcional, mi recomendación es que escribáis primero el texto sin preocuparos por él y después, en la reescritura, vayáis quitando las tes que aparezcan poco a poco, buscando sinónimos o frases alternativas.

A continuacion mi participación que tambien puede ser encontrada en el post citado a continuación.

https://www.literautas.com/es/taller/textos-escena-25/3247

La Maldición

“Llegará el día y el día será, cuando lo que una vez fue suelo, en el fondo yacerá.

Desolado e invisible yacerá.

El mar romperá sus barreras, pulverizará las rocas en arena fina, la desplazará y dejara donde alguna vez hubo vida, creando un desolador sepelio enorme e infame que almacenará los pecados de la humanidad.

Pero, ¿quién mejor que Gaia para acarrear el cambio?

Sus amplios campos surgirán del mar, buscando la luz del sol.

Sus enormes cordilleras desafiarán al cielo.

Pero el arenoso sepelio permanecerá como lúgubre recuerdo de aquellos vivieron en pecado”.

— Es lo que hay, la profecía habla, pero no se cumplirá aquí, si no en aquel mundo en el que vives.

El viejo observaba las palabras aparecer en el papel, comunicándole

cosas que debían suceder en mundos ajenos, pero sucedían en el suyo

Imaginando que su amigo se preocuparía, por lo que quiso calmarlo diciendo:

— Guarda la calma, Lo veía venir, en realidad, me incomodaba lo mucho que demoraba en suceder.

Dejando de escribir, quiso beber un poco más de café, pero no pudo, su mano le pedía escribir algo más, algo que él no sabía que era, pero accedía llevar al papel.

— Creo que deberías avisar a los demás, quizá puedan salvarse, hacer algo, asegurar que alguien se salve, no creo que la erradicación sea la solución de los problemas de Gaia.

—Eso es imposible — escribió el viejo — sabes que no alcanzare a comunicarlo, la maldición de la profecía hace que los hechos se realicen con solo una hora de previsión.

Se dibujó un silencio en el papel y el viejo dejo la pluma a lado del cuenco de café para recordar cosas de su vida.

No le pesa morir por sus pecados, pues él fue uno de los más grandes pecadores.

Incluso a pesar de haber querido enmendar sus errores en aquel gran programa.

Incluso a pesar de haber salvado a aquel niño de ese mismo programa.

Su mano quería escribir un nuevo mensaje de su amigo y regresa al papel para leer sus palabras.

—Podrías escapar, aun puedes hacerlo.

—No lo creo necesario, he vivido lo suficiente y es hora de dejar el relevo a los más jóvenes. Me agradaría saber que mi hijo se encuentra bien y tendrá un lugar el nuevo mundo que desea Gaia, pero he usado las palabras equivocadas con él y ha huido despavorido sin que le pudiera decir acerca de la profecía.

—¿Y si ampliamos un poco más la profecía? Seria grandioso saber si habrá alguien para vivir después del fin.

—Claro, ¿por qué no?

La cara del viejo parecía iluminarse al leer las nuevas palabras:

“Aun con el caos bajo el cielo, habrán hijos de la humanidad que sobrevivirán.

Engendrados por los pecados de los hombres, desconocerán a los dioses, serán como dioses y no llegaran a serlo, conseguirán la mirada de

Los cuervos, quienes horrorizados vieron morir a aquellos a quienes amaron desde sus orígenes y los llevaran al amparo de sus alas, para que sean los nuevos guardianes del mundo, con el fin de prepararlo para el regreso de aquellos que huyeron más allá del cielo”

—Habrá quienes sobrevivan…

—Eso parece, pero hay un regalo más que quiero que veas

“Los hijos desgraciados de la humanidad, buscaran comprender aquello que ya no posee esencia y serán reunidos por aquel cuyo miedo por Poseidón, le hace rey sobre él.”

Secándose las lágrimas, el viejo dejo de escribir, la felicidad lo desbordaba.

—No creo que nos quede mucho. Deberías hacer lo que debas hacer. Aunque solo fui sangre de una pluma en el papel, ha sido un placer ser su amigo.

—¡Pero!… – El viejo lloraba al escribir – cuando muera, dejaras de vivir y el mundo que creé se encerrara en un ciclo inacabable.

—Eso no es problema, a pesar de lo difícil que fue, lo pasé bien a su servicio.

Secándose las lágrimas una vez más, escribió un pedido a su amigo.

—Quiero pedir algo, cuando vuelvas a la vida, cuida a mi hijo.

—Dalo por hecho. Gracias, mi buen amigo.

El viejo se puso en marcha, cogió su libro y lo guardo en una caja de madera , que guardó en una caja de hierro aislada, cerró con llave la cual fue a dejar al lugar donde siempre la dejaba para que su hijo la localice con facilidad; debajo de la alfombra.

Al erguirse, vio una gran ola.

La profecía empezaba a tomar forma.

Ciudad Laberinto

Relato Corto: Laberinto

Relato para el reto Blogger del grupo  Deus Ex Machina(actualmente desaparecido)

Este relato es uno de mis favoritos por su estilo y narrativa, casi no recuerdo su origen pero estaba basado en un sueño.

Actualización:

Este relato ha sido corregido y ahora forma parte de la antología de «Los Frutos del Tiempo. Primera Cosecha». Mientras lo corregía, me di cuenta de muchos errores cometidos por simple ignorancia, especialmente en temas relacionados con las comillas y los diálogos de múltiples párrafos. Después publicaré lo que he aprendido corrigiéndolo.


Laberinto

Ciudad Laberinto
Ciudad Laberinto

—¿Sabes? El camino descampado solo es visible cuando has dado un paso dentro de él. Mientras estés en el bosque todo es un laberinto de árboles infinito y desesperante. El fuego suele ser tu aliado, destruyéndolo o acabando con tu agonía. La primera puerta se abre frente a ti.

La voz parecía retumbar en mi cabeza pero la persona frente a mí, con una taza de café en una mano y un periódico enrollado en la otra, hablaba con soberbia señalando una calle muy transitada.

—No esperes que un dragón te visite cuando te pierdas en el bosque, no esperes que un volcán lo devore. Desde aquel momento en el que perdiste las esperanzas de salir, las puertas se te han cerrado.

Solo dejó de hablar para tomar un sorbo de café. La gente, a mi alrededor, se quedaba quieta cada vez que él callaba y recuperaba el movimiento al ritmo de sus palabras. Las calles parecían retorcerse sin cambiar de forma alguna, y yo, aún más confundido, levantaba mi taza de café casi vacía al momento en el que él lo hacía para no perderme de sus palabras.

—¿No decías que eras quien cambiaría el mundo? Sólo tienes treinta años y has abandonado toda esperanza, saltaste desde aquel edificio y a mitad del camino me has llamado. Dios, demonio, auxilio, socorro… ¿En qué estabas pensando? Abarcando tanto, cualquiera te iba a responder. Pero he llegado primero y ahora vamos a jugar.

»El mar embravecido agita sus aguas contra la tierra que aguanta por toda la eternidad sus ataques.

»La roca, infinitamente más dura que el agua, va cediendo poco a poco hasta volverse polvo. ¿Creías que tú, siendo un simple mortal, cambiarías algo?

»El cielo siempre cambia, la tierra también, la misma ciudad fluye constante al ritmo de mis palabras.

»¡Mira! Las miradas acusadoras de todos aquí están sobre ti. ¿Qué te hizo creer que serías tan especial como para poder escapar del tormento que fue asignado a todos los mortales?

»Se te ha privado del fuego. No hay un gran dragón que despeje el bosque. Las puertas siempre abiertas se te han cerrado y tú, inútil, estás sentado en una silla bebiendo café. Sin azúcar, sin agua; un trago amargo que pasas con dificultad por tu garganta esperando una respuesta clara.

Las furiosas y frustradas miradas de los transeúntes se fijaron en mí, tan pronto como el hombre comenzó a hablar. Acusadoras, agotadoras, dolorosas… No había nadie que me distrajera del cruel tormento que les asignaron sobre mi.

Las calles parecían retorcerse en un ciclo infinito para que la gente y sus vehículos volvieran a pasar, mirándome, achacándome por hacer trampa en este juego que llaman vida y cada vez llegaba más gente, más animales, más calles y más edificios.

El amargo sabor en mi boca coincidía con su acusación. Indigno de la vida, probé la amargura de un mero café sin agua y sin azúcar, como castigo leve para mi intento de escapar. La tierra tiembla ante la cada vez más concurrida calle frente a la cafetería. El hombre retomó su discurso al terminar de beber otro sorbo de su aparentemente inagotable taza.

— ¿Cruel castigo te resulta masticar granos de café? Peor fue aquello que te llevó a saltar, ¿verdad? No esperes que tu intento de escape pase desapercibido, mira, la gente se reúne para ver tu desmembrado cadáver. pudiste haber elegido un final más digno.

»Tus ropas desgarradas, tus órganos expuestos, las piernas abiertas exhibiendo tú miseria. ¿Era necesario saltar desde el edificio a tropel?

La gente se reunía precipitada y haragana. Observaba con desdén aquel cuerpo destrozado que fui alguna vez. Sus miradas parecían desdoblarse solo para vernos al mismo tiempo, al cadáver y a mí, al uno con lástima y al otro con desdén. Al muerto como alguien bueno y a mí, como a un infiel.

La tierra se movía y la gente fluía por las calles como si fueran la sangre de las arterias de la gran ciudad. El tiempo continuó pasando y poco a poco se olvidaron de mí, aquel que un día saltó desde lo alto de un edificio a tropel, que se desmembró al chocar con tanto obstáculo que encontró durante la caída y aplastó a la verdadera razón por la que me miraron con lástima; un pequeño pichón.

—¿Sigues mirándote con autocompasión? Has pedido auxilio y yo te lo di. ¿Quién te crees que soy? ¿Un demonio? ¿Un simple trickster perdido en el tiempo? Yo soy tú y aquí estoy, riéndome de tu decisión, burlándome de tu desgracia, siendo reflejo de lo que serías si no hubieses saltado.

»No, tienes razón, no soy tú, porque has llegado aquí por tu estupidez y yo, tan solo riéndome de tu insolencia, estoy desde siempre y hasta siempre.

»El fuego es tu aliado; quema el bosque. El camino descampado solo se ve al salir del laberinto de árboles. Deja de lamentarte y avanza, pisotea tu cadáver, sueña en grande y recuerda: el cielo siempre cambia y la tierra también. Hasta la roca más dura es molida por el agua tan suave.

La miseria de mi vida se había ido hasta que me convertí en una baldosa más de la acera. Fui una vida disfrutada que se truncó antes de terminar naturalmente y aquel pichón que maté mientras caía, recibió cristiana sepultura.

Paloma parda y sin plumas, tuvo las alas que me faltaron para evitar llegar al suelo. Acabé con su vida antes de que pudiera comenzar la suya y recibió un entierro digno mientras yo sigo estampado en el suelo como una baldosa más de la acera.

Las calles recursivas se retuercen como un laberinto; los faroles y peatones son simples arbustos de este bosque. El peligro son los árboles gigantes, enormes guardianes permanentes en el tiempo capaces de guiar a idiotas directo hasta el suelo. Ayer mismo cayó otro semejante a mí.

Pobre idiota, o tal vez… un genio.

Saltó desde lo alto, sin prisa, sin apuro.

Estiró las piernas con orgullo y sin temor de su decisión.

Llegó al suelo de espaldas sobre un auto que se hundió y, molido de todos sus órganos internos; falleció.

Así, digno, orgulloso y estúpido, logró escapar mejor que yo, pero a diferencia de mí, la gente con lastima lo miró.

Lo levantaron, lo trasladaron y lo enterraron, nunca penó.

Nunca se lamentó.

Nunca.

Desperté.

El calendario marca mi cumpleaños veinte. No lo soñé pero no morí. No viví. Cuando cumpla treinta saltaré otra vez hasta morir como aquel tipo, digno y orgulloso. O más bien, viejo y en un sofá frente a una chimenea. O más bien, lo que se venga según actué conforme a lo que ahora sé.

—No has escapado —dijo la profunda voz—. Nunca has escapado. No creas que lo que viste fue un sueño, ni olvides el dolor previo a tu muerte. El fuego es tu aliado, puedes quemar el bosque o morir incinerado. No dejes nada pendiente o volverás a comenzar. El laberinto de árboles conforma el bosque tú, simple viajero, no eres más que una pulga perdida entre los matorrales.

»Tienes manos, tienes pies, tú decides si enciendes una antorcha o saltas desde los árboles, mientras yo, aquí, desde siempre y hasta siempre, te sigo vigilando hasta que olvides en que te has equivocado y vuelvas a saltar.

Desperté.

El aroma del café inundaba mi olfato.

La gente a mí alrededor me observaba aterrada.

«¿Quién lo empujó hacia la calle?», se preguntan. Pero lo que no saben es que en realidad, lo deseaba.

El hombre en la cafetería sigue tomando su café, me mira con el periódico enrollado en su mano, mientras con la otra sostiene la taza de la que vuelve a beber.

 

Lo inútil del conocimiento sin responsabilidad

Relato para el tercer desafío del grupo Deus Ex Machina(actualmente extinto) usando o integrando paradojas en el mismo


Lo Inutil del Conocimiento sin Responsabilidad

Desde el descubrimiento de la teoría del universo holográfico, muchos investigadores han estado trabajando contra reloj para determinar la forma de aprovechar este descubrimiento, sin embargo, el caos que ha causado en la civilización el saber que son una simulación se está yendo de las manos a las autoridades.

Mientras la incertidumbre de si se volverá a tener el control de la civilización como se la conocía hasta el momento se acentuaba, uno de los investigadores comenzó a desarrollar un adaptador universal aprovechando la tecnología del Gran Colisionador de Hadrones, activo y funcional hasta el momento, para poder crear una consola que sirva de interfaz entre el sistema más superficial del universo y la supercomputadora más poderosa concebida por la humanidad.

El desarrollo de esta tecnología llevó más tiempo de lo esperado, pero un destartalado aparato saldría fruto de sus esfuerzos.

Este aparato, avanzado como nada en la tierra, no tenía más poder que el necesario para analizar ciertos datos devueltos por la plataforma universal, por lo que solo se podía acceder al subsistema de simulación universal, una pequeña capa aparentemente sin función en curso capaz de usar los valores vigentes en el universo para determinar sucesos futuros, algo con lo que se ha jugado en la literatura desde hace mucho bajo el concepto de “¿Qué tal si…?

La capacidad necesaria de procesamiento y el poder disponible en el momento limitaría a introducir solo tres variables antes de que el aparato salga de sus estados nominales a uno completamente desconocido, por lo que, el investigador, ante la presión de la responsabilidad de probar su nuevo descubrimiento, se apresuró a pensar infructuosamente algo que preguntar.

El caos en las ciudades parecía apaciguarse y la estabilidad política parecía no haberse tambaleado mucho, lo supo al consultar las noticias en su dispositivo y pensó que sería adecuado y responsable saber el futuro de la humanidad en estas cuestiones.

Como pregunta formulada y aprovechando que las elecciones presidenciales estaban cerca, le pregunto a la maquina: “Siendo que la gente iletrada es presa de los políticos que las engañan para que voten por ellos, ¿Qué pasaría si la gente fuera ilustrada antes de las votaciones?”

Como segunda variable, introdujo la misma pregunta pero invertida y de tercera, sin más ideas para preguntar y recordando la paradoja del valor, pregunto cuál sería el valor del agua respecto al diamante en ambos casos.

El gran colisionador comenzó su marcha y casi instantáneamente se apagó ante la falta de energía.

La máquina, saturada de datos mostraba los resultados mientras sus piezas saltaban en humo y chispas, dejando sin aliento al investigador que se desesperaba ante la posibilidad de la destrucción de su invento.

La inteligencia artificial concebida para analizar estos resultados hablaba entrecortada.

— La gente, ilustrada y conocedora de asuntos políticos elegía a un presidente corrupto que beneficie sus intereses, perjudicando a la población en general, por el contrario, la gente sin ilustrar elegía al presidente corrupto por influencia de sus campañas, perjudicando a la población en general.

Las chispas y el humo llenaban el laboratorio mientras el investigador trataba de desconectar los sistemas con la esperanza de retomar el experimento cuando haya mejorado la tecnología pero, antes de fundirse por completo la maquina dijo:

— Tanto en uno como en otro escenario, el agua continua siendo gratis en la mayoría de los países mientras en el escenario de los votantes ilustrados, el diamante subió de precio aun más.

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