Blog sobre literatura y creatividad.

Etiqueta: distorcion de la realidad

La maldicion

Este relato pertenece a mi participación en el “Taller de #escritura nº25. Móntame una escena: la maldición” y también forma parte de mis relatos y novelas correspondientes a las crónicas, de las que hablaré mas adelante.

Escena propuesta
La escena de este mes tendrá un único requisito: ha de llevar por título La maldición, a secas, sin ninguna palabra más. Solo La maldición. A ver qué os sugiere este título a cada uno de vosotros.

Reto opcional
Como reto extra y opcional (esto quiere decir que NO tenéis que hacerlo si no queréis, pero siempre es recomendable porque sirve de ayuda para pulir técnicas narrativas), os proponemos escribir todo el relato sin usar la letra “t”. ¿Os atrevéis a intentarlo?

Si queréis probar suerte con el reto opcional, mi recomendación es que escribáis primero el texto sin preocuparos por él y después, en la reescritura, vayáis quitando las tes que aparezcan poco a poco, buscando sinónimos o frases alternativas.

A continuacion mi participación que tambien puede ser encontrada en el post citado a continuación.

https://www.literautas.com/es/taller/textos-escena-25/3247

La Maldición

“Llegará el día y el día será, cuando lo que una vez fue suelo, en el fondo yacerá.

Desolado e invisible yacerá.

El mar romperá sus barreras, pulverizará las rocas en arena fina, la desplazará y dejara donde alguna vez hubo vida, creando un desolador sepelio enorme e infame que almacenará los pecados de la humanidad.

Pero, ¿quién mejor que Gaia para acarrear el cambio?

Sus amplios campos surgirán del mar, buscando la luz del sol.

Sus enormes cordilleras desafiarán al cielo.

Pero el arenoso sepelio permanecerá como lúgubre recuerdo de aquellos vivieron en pecado”.

— Es lo que hay, la profecía habla, pero no se cumplirá aquí, si no en aquel mundo en el que vives.

El viejo observaba las palabras aparecer en el papel, comunicándole

cosas que debían suceder en mundos ajenos, pero sucedían en el suyo

Imaginando que su amigo se preocuparía, por lo que quiso calmarlo diciendo:

— Guarda la calma, Lo veía venir, en realidad, me incomodaba lo mucho que demoraba en suceder.

Dejando de escribir, quiso beber un poco más de café, pero no pudo, su mano le pedía escribir algo más, algo que él no sabía que era, pero accedía llevar al papel.

— Creo que deberías avisar a los demás, quizá puedan salvarse, hacer algo, asegurar que alguien se salve, no creo que la erradicación sea la solución de los problemas de Gaia.

—Eso es imposible — escribió el viejo — sabes que no alcanzare a comunicarlo, la maldición de la profecía hace que los hechos se realicen con solo una hora de previsión.

Se dibujó un silencio en el papel y el viejo dejo la pluma a lado del cuenco de café para recordar cosas de su vida.

No le pesa morir por sus pecados, pues él fue uno de los más grandes pecadores.

Incluso a pesar de haber querido enmendar sus errores en aquel gran programa.

Incluso a pesar de haber salvado a aquel niño de ese mismo programa.

Su mano quería escribir un nuevo mensaje de su amigo y regresa al papel para leer sus palabras.

—Podrías escapar, aun puedes hacerlo.

—No lo creo necesario, he vivido lo suficiente y es hora de dejar el relevo a los más jóvenes. Me agradaría saber que mi hijo se encuentra bien y tendrá un lugar el nuevo mundo que desea Gaia, pero he usado las palabras equivocadas con él y ha huido despavorido sin que le pudiera decir acerca de la profecía.

—¿Y si ampliamos un poco más la profecía? Seria grandioso saber si habrá alguien para vivir después del fin.

—Claro, ¿por qué no?

La cara del viejo parecía iluminarse al leer las nuevas palabras:

“Aun con el caos bajo el cielo, habrán hijos de la humanidad que sobrevivirán.

Engendrados por los pecados de los hombres, desconocerán a los dioses, serán como dioses y no llegaran a serlo, conseguirán la mirada de

Los cuervos, quienes horrorizados vieron morir a aquellos a quienes amaron desde sus orígenes y los llevaran al amparo de sus alas, para que sean los nuevos guardianes del mundo, con el fin de prepararlo para el regreso de aquellos que huyeron más allá del cielo”

—Habrá quienes sobrevivan…

—Eso parece, pero hay un regalo más que quiero que veas

“Los hijos desgraciados de la humanidad, buscaran comprender aquello que ya no posee esencia y serán reunidos por aquel cuyo miedo por Poseidón, le hace rey sobre él.”

Secándose las lágrimas, el viejo dejo de escribir, la felicidad lo desbordaba.

—No creo que nos quede mucho. Deberías hacer lo que debas hacer. Aunque solo fui sangre de una pluma en el papel, ha sido un placer ser su amigo.

—¡Pero!… – El viejo lloraba al escribir – cuando muera, dejaras de vivir y el mundo que creé se encerrara en un ciclo inacabable.

—Eso no es problema, a pesar de lo difícil que fue, lo pasé bien a su servicio.

Secándose las lágrimas una vez más, escribió un pedido a su amigo.

—Quiero pedir algo, cuando vuelvas a la vida, cuida a mi hijo.

—Dalo por hecho. Gracias, mi buen amigo.

El viejo se puso en marcha, cogió su libro y lo guardo en una caja de madera , que guardó en una caja de hierro aislada, cerró con llave la cual fue a dejar al lugar donde siempre la dejaba para que su hijo la localice con facilidad; debajo de la alfombra.

Al erguirse, vio una gran ola.

La profecía empezaba a tomar forma.

Ciudad Laberinto

Relato Corto: Laberinto

Relato para el reto Blogger del grupo  Deus Ex Machina(actualmente desaparecido)

Este relato es uno de mis favoritos por su estilo y narrativa, casi no recuerdo su origen pero estaba basado en un sueño.

Actualización:

Este relato ha sido corregido y ahora forma parte de la antología de «Los Frutos del Tiempo. Primera Cosecha». Mientras lo corregía, me di cuenta de muchos errores cometidos por simple ignorancia, especialmente en temas relacionados con las comillas y los diálogos de múltiples párrafos. Después publicaré lo que he aprendido corrigiéndolo.


Laberinto

Ciudad Laberinto
Ciudad Laberinto

—¿Sabes? El camino descampado solo es visible cuando has dado un paso dentro de él. Mientras estés en el bosque todo es un laberinto de árboles infinito y desesperante. El fuego suele ser tu aliado, destruyéndolo o acabando con tu agonía. La primera puerta se abre frente a ti.

La voz parecía retumbar en mi cabeza pero la persona frente a mí, con una taza de café en una mano y un periódico enrollado en la otra, hablaba con soberbia señalando una calle muy transitada.

—No esperes que un dragón te visite cuando te pierdas en el bosque, no esperes que un volcán lo devore. Desde aquel momento en el que perdiste las esperanzas de salir, las puertas se te han cerrado.

Solo dejó de hablar para tomar un sorbo de café. La gente, a mi alrededor, se quedaba quieta cada vez que él callaba y recuperaba el movimiento al ritmo de sus palabras. Las calles parecían retorcerse sin cambiar de forma alguna, y yo, aún más confundido, levantaba mi taza de café casi vacía al momento en el que él lo hacía para no perderme de sus palabras.

—¿No decías que eras quien cambiaría el mundo? Sólo tienes treinta años y has abandonado toda esperanza, saltaste desde aquel edificio y a mitad del camino me has llamado. Dios, demonio, auxilio, socorro… ¿En qué estabas pensando? Abarcando tanto, cualquiera te iba a responder. Pero he llegado primero y ahora vamos a jugar.

»El mar embravecido agita sus aguas contra la tierra que aguanta por toda la eternidad sus ataques.

»La roca, infinitamente más dura que el agua, va cediendo poco a poco hasta volverse polvo. ¿Creías que tú, siendo un simple mortal, cambiarías algo?

»El cielo siempre cambia, la tierra también, la misma ciudad fluye constante al ritmo de mis palabras.

»¡Mira! Las miradas acusadoras de todos aquí están sobre ti. ¿Qué te hizo creer que serías tan especial como para poder escapar del tormento que fue asignado a todos los mortales?

»Se te ha privado del fuego. No hay un gran dragón que despeje el bosque. Las puertas siempre abiertas se te han cerrado y tú, inútil, estás sentado en una silla bebiendo café. Sin azúcar, sin agua; un trago amargo que pasas con dificultad por tu garganta esperando una respuesta clara.

Las furiosas y frustradas miradas de los transeúntes se fijaron en mí, tan pronto como el hombre comenzó a hablar. Acusadoras, agotadoras, dolorosas… No había nadie que me distrajera del cruel tormento que les asignaron sobre mi.

Las calles parecían retorcerse en un ciclo infinito para que la gente y sus vehículos volvieran a pasar, mirándome, achacándome por hacer trampa en este juego que llaman vida y cada vez llegaba más gente, más animales, más calles y más edificios.

El amargo sabor en mi boca coincidía con su acusación. Indigno de la vida, probé la amargura de un mero café sin agua y sin azúcar, como castigo leve para mi intento de escapar. La tierra tiembla ante la cada vez más concurrida calle frente a la cafetería. El hombre retomó su discurso al terminar de beber otro sorbo de su aparentemente inagotable taza.

— ¿Cruel castigo te resulta masticar granos de café? Peor fue aquello que te llevó a saltar, ¿verdad? No esperes que tu intento de escape pase desapercibido, mira, la gente se reúne para ver tu desmembrado cadáver. pudiste haber elegido un final más digno.

»Tus ropas desgarradas, tus órganos expuestos, las piernas abiertas exhibiendo tú miseria. ¿Era necesario saltar desde el edificio a tropel?

La gente se reunía precipitada y haragana. Observaba con desdén aquel cuerpo destrozado que fui alguna vez. Sus miradas parecían desdoblarse solo para vernos al mismo tiempo, al cadáver y a mí, al uno con lástima y al otro con desdén. Al muerto como alguien bueno y a mí, como a un infiel.

La tierra se movía y la gente fluía por las calles como si fueran la sangre de las arterias de la gran ciudad. El tiempo continuó pasando y poco a poco se olvidaron de mí, aquel que un día saltó desde lo alto de un edificio a tropel, que se desmembró al chocar con tanto obstáculo que encontró durante la caída y aplastó a la verdadera razón por la que me miraron con lástima; un pequeño pichón.

—¿Sigues mirándote con autocompasión? Has pedido auxilio y yo te lo di. ¿Quién te crees que soy? ¿Un demonio? ¿Un simple trickster perdido en el tiempo? Yo soy tú y aquí estoy, riéndome de tu decisión, burlándome de tu desgracia, siendo reflejo de lo que serías si no hubieses saltado.

»No, tienes razón, no soy tú, porque has llegado aquí por tu estupidez y yo, tan solo riéndome de tu insolencia, estoy desde siempre y hasta siempre.

»El fuego es tu aliado; quema el bosque. El camino descampado solo se ve al salir del laberinto de árboles. Deja de lamentarte y avanza, pisotea tu cadáver, sueña en grande y recuerda: el cielo siempre cambia y la tierra también. Hasta la roca más dura es molida por el agua tan suave.

La miseria de mi vida se había ido hasta que me convertí en una baldosa más de la acera. Fui una vida disfrutada que se truncó antes de terminar naturalmente y aquel pichón que maté mientras caía, recibió cristiana sepultura.

Paloma parda y sin plumas, tuvo las alas que me faltaron para evitar llegar al suelo. Acabé con su vida antes de que pudiera comenzar la suya y recibió un entierro digno mientras yo sigo estampado en el suelo como una baldosa más de la acera.

Las calles recursivas se retuercen como un laberinto; los faroles y peatones son simples arbustos de este bosque. El peligro son los árboles gigantes, enormes guardianes permanentes en el tiempo capaces de guiar a idiotas directo hasta el suelo. Ayer mismo cayó otro semejante a mí.

Pobre idiota, o tal vez… un genio.

Saltó desde lo alto, sin prisa, sin apuro.

Estiró las piernas con orgullo y sin temor de su decisión.

Llegó al suelo de espaldas sobre un auto que se hundió y, molido de todos sus órganos internos; falleció.

Así, digno, orgulloso y estúpido, logró escapar mejor que yo, pero a diferencia de mí, la gente con lastima lo miró.

Lo levantaron, lo trasladaron y lo enterraron, nunca penó.

Nunca se lamentó.

Nunca.

Desperté.

El calendario marca mi cumpleaños veinte. No lo soñé pero no morí. No viví. Cuando cumpla treinta saltaré otra vez hasta morir como aquel tipo, digno y orgulloso. O más bien, viejo y en un sofá frente a una chimenea. O más bien, lo que se venga según actué conforme a lo que ahora sé.

—No has escapado —dijo la profunda voz—. Nunca has escapado. No creas que lo que viste fue un sueño, ni olvides el dolor previo a tu muerte. El fuego es tu aliado, puedes quemar el bosque o morir incinerado. No dejes nada pendiente o volverás a comenzar. El laberinto de árboles conforma el bosque tú, simple viajero, no eres más que una pulga perdida entre los matorrales.

»Tienes manos, tienes pies, tú decides si enciendes una antorcha o saltas desde los árboles, mientras yo, aquí, desde siempre y hasta siempre, te sigo vigilando hasta que olvides en que te has equivocado y vuelvas a saltar.

Desperté.

El aroma del café inundaba mi olfato.

La gente a mí alrededor me observaba aterrada.

«¿Quién lo empujó hacia la calle?», se preguntan. Pero lo que no saben es que en realidad, lo deseaba.

El hombre en la cafetería sigue tomando su café, me mira con el periódico enrollado en su mano, mientras con la otra sostiene la taza de la que vuelve a beber.

 

Sigue Sonriendo

Sigue sonriendo, es tu hijo, tu orgullo, la razón de tu éxito y tu gloria.

Mira, esa foto, ¿puedes ver que amplia es tu sonrisa? Era sincera, llena de felicidad. Lograste lo que siempre deseaste y lo que las chicas de tu edad siempre ambicionaron, envidiaron, desearon.

Mira, ¿ves a tu hijo? Engendro de tus fantasías y derrame de tinta en el papel. No te esforzaste más allá de un derrame de fluidos prohibidos mientras te imaginabas tu idilio con tu actor favorito.

Violencia, desprecio, sexo y promiscuidad.

Agresividad, golpes, humillaciones y dolor.

¿Realmente creías que eso era amor?

Ahora sonríe, tienes que asistir a la entrega de tus libros. Seca esas lágrimas, son difíciles de hacer pasar por felicidad. Maquilla esas manchas, no debes dejarlas ver.

Miles y miles de personas reunidas, ya no te sorprende, ¿verdad?

La primera vez fue totalmente emocionante, lo recuerdo bien y te advertí que no era lo correcto, pero tu felicidad pudo más que yo.

Fama, dinero y gloria. La admiración total de gente desconocida y para la cual no existirías si no hubieses escrito ese libro.

¿Qué haces? Se te está escapando una lágrima, sécala antes de que se corra el maquillaje, pronto llegaran tus fans.

Ah, ¿no solo es emocional el asunto? ¿Te duele? No me importa, tu solo sonríe, los bolsillos de tu esposo claman desde tu casa. Los bolsillos de tus editores claman desde la silla de atrás. Igual, toma algo de naproxeno, toma algo de sedante, ¿se te acabo el alcohol? Mejor, tienes que fingir bien.

Las niñas están llegando. Si, niñas, tuviste el descaro de elegir niñas para convertirte en el foco de su admiración. Tu misma eras niña cuando todo comenzó.

Seis años para arrepentirte de tus pecados, pero es que en realidad no habías pecado, ni el amazonas era más virgen que tú, aun así, derramabas fluidos prohibidos mientras escribías violencia. Felicitaciones, llenaste la copa.

Has engordado, has envejecido, ya no eres la chica genio del momento. Sigues luchando para mantenerte vigente así que recurres a lo mismo que te lanzo a la fama.

Te has unido a algunos movimientos tan corruptos como tú. Finges victimismo para atraer las miradas. Denuncias el mal hasta de las piedras del rio que han estado allí desde mucho antes que siquiera apareciera tu código genético.

Felicidades, ahora sonríe, firma con mano temblorosa.

“Con cariño de mi para ti”

“Para mi admiradora favorita”

“Eres especial, si yo pude, puedes tu”

Te duele la muñeca y apenas has comenzado.

Una chica sospecha que algo está mal contigo, rápido, ¡sonríe!

La miras a los ojos tratando de empatizar falsamente con ella pero alcanzas a ver moretones en su cuello, en su cara, en sus brazos y cortes en su muñeca, todo mal maquillado.

Sabes que es todo eso, lo maquillaste esta mañana, ¿lo recuerdas?

Sonríe, sonríe, ¡Sonríe!

¿Qué haces? Estas empatizando de forma incorrecta, ¿por qué te quiebras ante sus palabras?

¿Ves esa madre? Claro que sí, llama la atención sus ojos morados. Salúdala, sonríe, esto es por tu hijo, tu orgullo.

—Eres mi modelo a seguir, hice como dijiste en tu novela y luche por el amor de mi ahora esposo — dice emocionada — A pesar de que estaba en una pandilla, yo lo amaba. A pesar de que tenía otras amantes, yo lo amaba y lo amé y lo atrapé. Ahora está en su sillón esperando a que regrese. Salí sin su permiso pero valía la pena conocer a la persona que más admiro.

Las miras son una sonrisa retorcida. Entiendes bien lo que dice esta chica. No ha de ser de más de dieciséis años pero ya es madre, está casada y su esposo es o fue un pandillero. Hiciste lo mismo que ella porque era tu fantasía y ahora la fantasía de todas tus fans.

Alza la mirada, ¡no me hiciste caso cuando te lo advertí y ahora mira!

La mayoría tienen marcas mal maquilladas, lo hacen por admiración a ti, lo llaman las marcas de la victoria y muchas no llegan ni a trece.

Abre los ojos, ábrelos bien, será tu condena para toda tu vida.

Una de tus fans trae dos libros, quiere que firmes uno para ella y otro para el libro de su amiga, quien murió a manos de su esposo antes de poder venir a verte, tiene un mechón de su cabello pegado a la portada.

¿Qué haces? ¡Vuelve! Deja de correr y llorar y pega tu estúpida sonrisa a los ojos de tus seguidoras, es tu condena y castigo por ignorar a tu sentido común.

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