Blog sobre literatura y creatividad.

Categoría: Reto Blogger

Maquinas voladoras de fantasia

Lewg

Me levante cuando todos se habían dormido, prometiendo no sorprenderme esta vez, pero falle como en todos los intentos anteriores.

Saliendo al patio de mi casa durante la noche, miré al cielo adornado por la luna blanca del cielo que adornaba la perpetua oscuridad de la noche. El silencio apenas era interrumpido por mis pasos en la grava del suelo mientras caminaba con cuidado para no interrumpirlo de ninguna forma.
Alcé la mirada y al ver nada más que la luna, sentí alivio al notar que esta vez podría cumplir mi promesa, uno simplemente no puede sorprenderse del vacío, sin embargo, conforme más tiempo lo veía, mas sentía que me equivocaba.
¿Qué hay detrás de la luna? El silencio sobre la tierra no se compara al del espacio exterior. No hay nada hecho por humanos capaz de alcanzarla, menos para ver detrás de ella y aun así, las personas aún se empeñan por bajar la luna cada noche con ya rutinarios poemas envejecidos, acompañados por versos nuevos pero insípidos.

La ciudad carecía de sus luces características como cada noche con luna blanca y mi casa no era la excepción haciendo difícil el andar sin tropezar, pero como ya era costumbre, no importa cuantos pasos de, no hay obstáculos que me hagan caer.

El tiempo continuo fluyendo, ya cerca de la media noche pensé en volver, orgulloso en parte por no haberme sorprendido tanto como es normal, pero tan pronto como vi que las manecillas de mi reloj marcar las doce, involuntariamente volví a mirar al cielo.

La estampa era fascinante. Lewg volvió a aparecer, esta vez montado en aparato que como siempre logró adecuar para sus fantasías, un bus de paredes desgastadas, seguro que lo encontró abandonado en algún lugar distante y al que reemplazo sus ruedas por sus aparatos con los cuales siempre experimentaba.

Sorprendido y ya importándome poco mi promesa, salté con todas mis fuerzas, primero alcanzando no más de diez centímetros de altura pero después de varios intentos, logrando llegar al techo de la bodega de mi casa.

Lewg seguía mirando al horizonte subido al techo del bus, dejándolo desplazarse a su voluntad lentamente, seguro con la intención de admirar el paisaje desde su invento, pero aun así, se alejaba más rápido de lo que podía saltar.

Salté con más fuerzas para llegar al techo de una casa cercana y salte aún más fuerte para subir sobre un edificio algo más lejos de mi casa. Mientras veía a Lewg empezar a sobrevolar la ciudad.

Corriendo de techo en techo iba dejando detrás mi casa pero dejo de importarme, yo quería hablar con él una vez más. Fascinarme con sus historias e inventos. Conocer lugares distantes que jamás he visto, pero seguía resultándome difícil llegar a él.

Salté una vez más con todas mis fuerzas, esta vez sin tener de objetivo un edificio sino al bus levitando entre la luna y la ciudad y mientras subía, miré abajo.

Me di cuenta de que mientras subía, la ciudad se iba encogiendo. Más bien, yo me hacía más grande, no lo es en realidad, pero pude tapar el edificio más grande con mi pulgar.

Distraído por la sensación de libertad, olvide mi objetivo primordial y estuve cerca de chocar contra la luna, pero llegue al máximo de lo que podía saltar.
Volví a mirar la ciudad. La oscuridad de la noche no la había devorado. La luz blanca de la luna le daba un aspecto plano dibujando grises siluetas contra el fondo negro que la hacían ver como un dibujo en dos dimensiones.
El viento me empujaba lento pero seguro en diferentes direcciones y pude ver diversos ángulos. De nuevo alce mi pulgar y esta vez pude tapar toda la ciudad.

Agitando los brazos trate de subir un poco más. Para poder saltar necesitaba un apoyo, pero era imposible. La luna arriba, la tierra abajo, el vacío del cielo me resultaba insignificante comparado con el vacío del aire en el que flotaba.
Vi mi reloj marcando las tres de la noche. La luna blanca está cerca de esconderse y yo, no logre cumplir mi promesa ni alcance a Lewg, igual que siempre. Sentí la desesperación de no tener nada donde poner mis pies y un nudo en la garganta me recordaba mi fracaso.

Acurrucado y a merced del viento, miré al cielo y trate de tapar la luna con mi pulgar, pero tan cerca era imposible.

¿Qué está más vacío? ¿El cielo? ¿La tierra? ¿El viento?

Pensando en estas cosas mis pies sintieron algo donde apoyarse.
Tras un breve sonido metálico mis pies se hundieron un poco en la carcasa de latón del bus de Lewg, quien, sin mirar atrás tan solo dijo “¿Qué buscabas esta vez?

No respondí, solo me senté donde aterricé y me quede en silencio hasta que me llamo diciendo “Ven, desde aquí se puede ver mejor”

Sentados al frente del bus, vi como la ciudad volvía a crecer y yo volvía a encogerme.

La luna se encogió hasta que pude volver a taparla con mi pulgar, los techos volvían a resultarme familiares y mi casa se divisaba entre los tonos grises de la noche.

Llegamos exactamente hasta el mismo lugar donde lo vi a media noche y antes de bajarme me preguntó “¿Por qué no haces un bus igual? También podrás ver la ciudad desde arriba. Hay lugar para todos en el cielo”.

Me despedí del desde mi patio y lo vi alejarse al tiempo que la luna se escondía en el horizonte. Mientras entraba a mi casa tratando de no despertar a nadie, recordaba el motor anti gravitatorio que mantenía levitando al bus.

Lewg siempre prueba sus inventos por la noche de luna blanca y algún día haré lo mismo también.


Relato para el reto Blogger del grupo Deus Ex Machina(actualmente muerto) consistente en escribir sobre la imagen adjunta.
Este relato además es una transcripción de un sueño que tuve anoche, siendo las dos ultimas líneas lo que tuve que llenar pues, me desperté antes de ver el final.

El gran filtro fue una gran fiesta

Relato para el reto blogger del grupo Deus Ex Machina, una historia que describa a la humanidad en algún lugar del gran filtro.


Cuando los enormes recursos del planeta no bastaron para alimentar las ambiciones de los humanos, pusieron todo su esfuerzo en acaparar los recursos de todo su sistema planetario, esto los convirtió en una civilización tipo II, pero a costa de su planeta de origen.

Si bien, aun podían conseguir recursos de allí, les resultaba especialmente imposible habitarlo por el daño que le hicieron, por lo que repartidos en colonias aisladas en cada planeta rocoso del sistema solar, se dedicaron a rehacer su vida tan cómoda como pudieron gracias a su posición como civilización tipo II.

La búsqueda de un nuevo planeta por habitar consumía recursos a niveles descabellados, obligando a la minería incluso en planetas gaseosos como Júpiter, llegando a extremos de extinguir por completo los anillos de Saturno, los cuales se estimaba en épocas anteriores, tardarían millones de años en desaparecer, sea convirtiéndose en pequeñas lunas o arrastrados por la gravedad de su planeta.
Las colonias a lo largo del sistema solar, sin embargo, se comportaban de una forma diferente de lo esperado.

Las noticias de que Fobos colisionaría contra marte no eran nuevas, se sabía de este evento desde hace mucho tiempo, casi desde su descubrimiento, pero la colonia no tomó ninguna medida preventiva.

Cuando las fuerzas de marea lograron quebrar a Fobos, todas las colonias advirtieron que debían buscar refugio hasta que la situación se estabilice, incluso les permitieron repartirse entre las demás colonias en otros planetas, pero no hubo respuesta.

Se escuchaban sus retransmisiones.

La gente bebía y comía alegre a pesar del riesgo.

Las fiestas y eventos sociales eran frecuentes y las emisiones de programación de entretenimiento nunca acabaron.

Incluso cuando la lluvia de fragmentos cayó en marte, alguna estación aun transmitía, hasta que acabo la energía almacenada y marte quedo totalmente en silencio.

La siguiente colonia en desaparecer fue la de Plutón.

Distantes y aislados vivieron en buen rendimiento gracias a la gran cantidad de recursos energéticos allí, pero no se volvieron a comunicar con las demás colonias.

Una sonda que pasaba por allí, reportaba congelamiento absoluto mientras recibía una última señal que se apagaba ante la falta de energía sobre un programa de chismes grabado hace quien sabe cuánto tiempo.

La colonia de Mercurio desapareció repentinamente también después de una llamarada solar, a pesar de tener escudos especialmente preparados para estos eventos. Su última transmisión sin embargo, fue la de un científico.

— Aquí la última transmisión de la colonia de Mercurio, civilización humana tipo II hacia el universo. Estamos solos. Estaremos solos. Hace frío, el Sol nos dará el calor que necesitamos.

La colonia de Venus volvió a la tierra.

Los habitantes no huyeron de allí, si no que viajaron a modo de turismo a aquel planeta gemelo que alguna vez fue azul.

Colonizaron la tierra una vez más.

La última colonia humana, civilización tipo II capaz de asimilar los recursos de todo su sistema planetario era un reducido grupo de personas, suficiente para repoblar el planeta entero pero entregado al hedonismo.

Los científicos, amargados, meditaban sobre el derecho de la humanidad de ser llamados tipo II viendo una alta tasa de analfabetismo en la población, que tan solo se dedicaba a los placeres de la vida y el entretenimiento trivial.
Los humanos se aburrieron.

La última colonia humana, habitante en la tierra, detuvo sus transmisiones sabiéndose sola en el universo y un científico dijo sus últimas palabras.

— Estamos solos, no representamos a los humanos pero la humanidad se ve representada por nuestros logros. Ya no existe el círculo de la vida, pero volvemos a él. Si hay alguien allí afuera y nos escucha de alguna forma, por favor, deje que el Sol acabe con nuestro recuerdo. Si no, el Sol acabara con nuestro recuerdo.

La última colonia humana se entregó al círculo roto de la vida durante una fiesta, los científicos se aburrieron, la gente no le interesaba sobrevivir. La tierra trató de asimilar a aquellos que le arrebataron todo pero ante su incapacidad, ahora yacen eternamente sobre el yermo desolado.

El Sol, ya sin combustible se expandió y elimino todo recuerdo y al universo no le importó.

Ciudad Laberinto

Relato Corto: Laberinto

Relato para el reto Blogger del grupo  Deus Ex Machina(actualmente desaparecido)

Este relato es uno de mis favoritos por su estilo y narrativa, casi no recuerdo su origen pero estaba basado en un sueño.

Actualización:

Este relato ha sido corregido y ahora forma parte de la antología de «Los Frutos del Tiempo. Primera Cosecha». Mientras lo corregía, me di cuenta de muchos errores cometidos por simple ignorancia, especialmente en temas relacionados con las comillas y los diálogos de múltiples párrafos. Después publicaré lo que he aprendido corrigiéndolo.


Laberinto

Ciudad Laberinto
Ciudad Laberinto

—¿Sabes? El camino descampado solo es visible cuando has dado un paso dentro de él. Mientras estés en el bosque todo es un laberinto de árboles infinito y desesperante. El fuego suele ser tu aliado, destruyéndolo o acabando con tu agonía. La primera puerta se abre frente a ti.

La voz parecía retumbar en mi cabeza pero la persona frente a mí, con una taza de café en una mano y un periódico enrollado en la otra, hablaba con soberbia señalando una calle muy transitada.

—No esperes que un dragón te visite cuando te pierdas en el bosque, no esperes que un volcán lo devore. Desde aquel momento en el que perdiste las esperanzas de salir, las puertas se te han cerrado.

Solo dejó de hablar para tomar un sorbo de café. La gente, a mi alrededor, se quedaba quieta cada vez que él callaba y recuperaba el movimiento al ritmo de sus palabras. Las calles parecían retorcerse sin cambiar de forma alguna, y yo, aún más confundido, levantaba mi taza de café casi vacía al momento en el que él lo hacía para no perderme de sus palabras.

—¿No decías que eras quien cambiaría el mundo? Sólo tienes treinta años y has abandonado toda esperanza, saltaste desde aquel edificio y a mitad del camino me has llamado. Dios, demonio, auxilio, socorro… ¿En qué estabas pensando? Abarcando tanto, cualquiera te iba a responder. Pero he llegado primero y ahora vamos a jugar.

»El mar embravecido agita sus aguas contra la tierra que aguanta por toda la eternidad sus ataques.

»La roca, infinitamente más dura que el agua, va cediendo poco a poco hasta volverse polvo. ¿Creías que tú, siendo un simple mortal, cambiarías algo?

»El cielo siempre cambia, la tierra también, la misma ciudad fluye constante al ritmo de mis palabras.

»¡Mira! Las miradas acusadoras de todos aquí están sobre ti. ¿Qué te hizo creer que serías tan especial como para poder escapar del tormento que fue asignado a todos los mortales?

»Se te ha privado del fuego. No hay un gran dragón que despeje el bosque. Las puertas siempre abiertas se te han cerrado y tú, inútil, estás sentado en una silla bebiendo café. Sin azúcar, sin agua; un trago amargo que pasas con dificultad por tu garganta esperando una respuesta clara.

Las furiosas y frustradas miradas de los transeúntes se fijaron en mí, tan pronto como el hombre comenzó a hablar. Acusadoras, agotadoras, dolorosas… No había nadie que me distrajera del cruel tormento que les asignaron sobre mi.

Las calles parecían retorcerse en un ciclo infinito para que la gente y sus vehículos volvieran a pasar, mirándome, achacándome por hacer trampa en este juego que llaman vida y cada vez llegaba más gente, más animales, más calles y más edificios.

El amargo sabor en mi boca coincidía con su acusación. Indigno de la vida, probé la amargura de un mero café sin agua y sin azúcar, como castigo leve para mi intento de escapar. La tierra tiembla ante la cada vez más concurrida calle frente a la cafetería. El hombre retomó su discurso al terminar de beber otro sorbo de su aparentemente inagotable taza.

— ¿Cruel castigo te resulta masticar granos de café? Peor fue aquello que te llevó a saltar, ¿verdad? No esperes que tu intento de escape pase desapercibido, mira, la gente se reúne para ver tu desmembrado cadáver. pudiste haber elegido un final más digno.

»Tus ropas desgarradas, tus órganos expuestos, las piernas abiertas exhibiendo tú miseria. ¿Era necesario saltar desde el edificio a tropel?

La gente se reunía precipitada y haragana. Observaba con desdén aquel cuerpo destrozado que fui alguna vez. Sus miradas parecían desdoblarse solo para vernos al mismo tiempo, al cadáver y a mí, al uno con lástima y al otro con desdén. Al muerto como alguien bueno y a mí, como a un infiel.

La tierra se movía y la gente fluía por las calles como si fueran la sangre de las arterias de la gran ciudad. El tiempo continuó pasando y poco a poco se olvidaron de mí, aquel que un día saltó desde lo alto de un edificio a tropel, que se desmembró al chocar con tanto obstáculo que encontró durante la caída y aplastó a la verdadera razón por la que me miraron con lástima; un pequeño pichón.

—¿Sigues mirándote con autocompasión? Has pedido auxilio y yo te lo di. ¿Quién te crees que soy? ¿Un demonio? ¿Un simple trickster perdido en el tiempo? Yo soy tú y aquí estoy, riéndome de tu decisión, burlándome de tu desgracia, siendo reflejo de lo que serías si no hubieses saltado.

»No, tienes razón, no soy tú, porque has llegado aquí por tu estupidez y yo, tan solo riéndome de tu insolencia, estoy desde siempre y hasta siempre.

»El fuego es tu aliado; quema el bosque. El camino descampado solo se ve al salir del laberinto de árboles. Deja de lamentarte y avanza, pisotea tu cadáver, sueña en grande y recuerda: el cielo siempre cambia y la tierra también. Hasta la roca más dura es molida por el agua tan suave.

La miseria de mi vida se había ido hasta que me convertí en una baldosa más de la acera. Fui una vida disfrutada que se truncó antes de terminar naturalmente y aquel pichón que maté mientras caía, recibió cristiana sepultura.

Paloma parda y sin plumas, tuvo las alas que me faltaron para evitar llegar al suelo. Acabé con su vida antes de que pudiera comenzar la suya y recibió un entierro digno mientras yo sigo estampado en el suelo como una baldosa más de la acera.

Las calles recursivas se retuercen como un laberinto; los faroles y peatones son simples arbustos de este bosque. El peligro son los árboles gigantes, enormes guardianes permanentes en el tiempo capaces de guiar a idiotas directo hasta el suelo. Ayer mismo cayó otro semejante a mí.

Pobre idiota, o tal vez… un genio.

Saltó desde lo alto, sin prisa, sin apuro.

Estiró las piernas con orgullo y sin temor de su decisión.

Llegó al suelo de espaldas sobre un auto que se hundió y, molido de todos sus órganos internos; falleció.

Así, digno, orgulloso y estúpido, logró escapar mejor que yo, pero a diferencia de mí, la gente con lastima lo miró.

Lo levantaron, lo trasladaron y lo enterraron, nunca penó.

Nunca se lamentó.

Nunca.

Desperté.

El calendario marca mi cumpleaños veinte. No lo soñé pero no morí. No viví. Cuando cumpla treinta saltaré otra vez hasta morir como aquel tipo, digno y orgulloso. O más bien, viejo y en un sofá frente a una chimenea. O más bien, lo que se venga según actué conforme a lo que ahora sé.

—No has escapado —dijo la profunda voz—. Nunca has escapado. No creas que lo que viste fue un sueño, ni olvides el dolor previo a tu muerte. El fuego es tu aliado, puedes quemar el bosque o morir incinerado. No dejes nada pendiente o volverás a comenzar. El laberinto de árboles conforma el bosque tú, simple viajero, no eres más que una pulga perdida entre los matorrales.

»Tienes manos, tienes pies, tú decides si enciendes una antorcha o saltas desde los árboles, mientras yo, aquí, desde siempre y hasta siempre, te sigo vigilando hasta que olvides en que te has equivocado y vuelvas a saltar.

Desperté.

El aroma del café inundaba mi olfato.

La gente a mí alrededor me observaba aterrada.

«¿Quién lo empujó hacia la calle?», se preguntan. Pero lo que no saben es que en realidad, lo deseaba.

El hombre en la cafetería sigue tomando su café, me mira con el periódico enrollado en su mano, mientras con la otra sostiene la taza de la que vuelve a beber.

 

Lo inútil del conocimiento sin responsabilidad

Relato para el tercer desafío del grupo Deus Ex Machina(actualmente extinto) usando o integrando paradojas en el mismo


Lo Inutil del Conocimiento sin Responsabilidad

Desde el descubrimiento de la teoría del universo holográfico, muchos investigadores han estado trabajando contra reloj para determinar la forma de aprovechar este descubrimiento, sin embargo, el caos que ha causado en la civilización el saber que son una simulación se está yendo de las manos a las autoridades.

Mientras la incertidumbre de si se volverá a tener el control de la civilización como se la conocía hasta el momento se acentuaba, uno de los investigadores comenzó a desarrollar un adaptador universal aprovechando la tecnología del Gran Colisionador de Hadrones, activo y funcional hasta el momento, para poder crear una consola que sirva de interfaz entre el sistema más superficial del universo y la supercomputadora más poderosa concebida por la humanidad.

El desarrollo de esta tecnología llevó más tiempo de lo esperado, pero un destartalado aparato saldría fruto de sus esfuerzos.

Este aparato, avanzado como nada en la tierra, no tenía más poder que el necesario para analizar ciertos datos devueltos por la plataforma universal, por lo que solo se podía acceder al subsistema de simulación universal, una pequeña capa aparentemente sin función en curso capaz de usar los valores vigentes en el universo para determinar sucesos futuros, algo con lo que se ha jugado en la literatura desde hace mucho bajo el concepto de “¿Qué tal si…?

La capacidad necesaria de procesamiento y el poder disponible en el momento limitaría a introducir solo tres variables antes de que el aparato salga de sus estados nominales a uno completamente desconocido, por lo que, el investigador, ante la presión de la responsabilidad de probar su nuevo descubrimiento, se apresuró a pensar infructuosamente algo que preguntar.

El caos en las ciudades parecía apaciguarse y la estabilidad política parecía no haberse tambaleado mucho, lo supo al consultar las noticias en su dispositivo y pensó que sería adecuado y responsable saber el futuro de la humanidad en estas cuestiones.

Como pregunta formulada y aprovechando que las elecciones presidenciales estaban cerca, le pregunto a la maquina: “Siendo que la gente iletrada es presa de los políticos que las engañan para que voten por ellos, ¿Qué pasaría si la gente fuera ilustrada antes de las votaciones?”

Como segunda variable, introdujo la misma pregunta pero invertida y de tercera, sin más ideas para preguntar y recordando la paradoja del valor, pregunto cuál sería el valor del agua respecto al diamante en ambos casos.

El gran colisionador comenzó su marcha y casi instantáneamente se apagó ante la falta de energía.

La máquina, saturada de datos mostraba los resultados mientras sus piezas saltaban en humo y chispas, dejando sin aliento al investigador que se desesperaba ante la posibilidad de la destrucción de su invento.

La inteligencia artificial concebida para analizar estos resultados hablaba entrecortada.

— La gente, ilustrada y conocedora de asuntos políticos elegía a un presidente corrupto que beneficie sus intereses, perjudicando a la población en general, por el contrario, la gente sin ilustrar elegía al presidente corrupto por influencia de sus campañas, perjudicando a la población en general.

Las chispas y el humo llenaban el laboratorio mientras el investigador trataba de desconectar los sistemas con la esperanza de retomar el experimento cuando haya mejorado la tecnología pero, antes de fundirse por completo la maquina dijo:

— Tanto en uno como en otro escenario, el agua continua siendo gratis en la mayoría de los países mientras en el escenario de los votantes ilustrados, el diamante subió de precio aun más.

Onironauta

Relato para el segundo reto del grupo Deus ex Machina(actualmente extinto) basado en onironautas, sueños lucidos o relacionado.


Despertó sumido en profunda agitación después de un turbio sueño que no fue capaz de recordar. Lo hizo muy temprano por la mañana como venía haciéndolo desde su juventud y harto de no poder conciliar sueño tranquilo y reparador, consultó tanto profesional como pseudo-profesional se encontró en su camino.

Aparte de hierbas y piedras raras, consejos y manuales, su problema se fue complicando ante lo efectivo de las soluciones en otro aspecto; lo hacían dormir con mayor profundidad.

Revisando libros polvorientos en la sala de su casa, cierta noche tranquila y sabiéndose profundamente dormido en breve debido a uno de los brebajes recomendados, encontró uno sobre psicología, no tan antigua como sonaba, no tan obsoleta como la creía.

Hojeando página a página, saltando temas desde erecciones en la infancia hasta parafilias perturbadoras, encontró un capitulo pequeño, casi insignificante cerca de otro no más grande sobre hipnosis, tratando al sueño como un medio del cerebro para proyectar y limpiar los desperdicios acumulados durante el día.

Leyó que el sueño profundo era aquel en el que se manifestaban los sueños y que algunas personas, sea por entrenamiento o por don de nacimiento, eran capaces de controlar su sueño en cierta medida y recordar exactamente lo que habían soñado.

El aburrido capitulo se empeñaba en describir lo desconocido con tantos términos técnicos podía, describía con obstinación análisis físicos a cerebros de personas normales y onironautas para finalmente rendirse ante la falta de evidencias científicas y claras que dé una explicación a tal estado.

El autor cerró el capítulo resignado con una sugerencia personal, probablemente por experiencia propia o consejo de alguien que haya vivido la experiencia; cuenta ovejas mientras te dices que estas soñando.

— Una oveja, estoy soñando.

— Dos ovejas, estoy soñando.

— Tres ovejas, estoy soñando.

— …

— Cuarenta y ocho, estoy soñando.

Aburrido de seguir el resignado consejo del autor, cerró el libro y se dio cuenta de que el efecto de la medicina debió hacerlo dormir hace mucho.

La ligereza de sus brazos sosteniendo el libro le pareció extraña, ningún sedante ha hecho tal efecto en su cuerpo antes y, asustado, lanzo el libro lejos, pero este nunca se alejó.

— Cuarenta y nueve, estoy soñando” — Exclamo al recordar lo último que leyó. — ¡Estoy soñando!

La sala seguía tal y como estaba siempre.

El mueble donde se había acostado para leer, la televisión en la mesita junto a la pared, el teléfono en la otra mesita y las puertas y las ventanas y el techo… Todo perfectamente normal.

— Cincuenta, ¿Estoy soñando?

La duda ante algo seguro lo hacinaba abrazado a sus piernas en el mueble, incapaz de bajar para confirmar la verdad. Siendo esto un sueño, seguro encontraría en cualquier lugar y momento, aquello que lo despierta a la fuerza por las mañanas, aterrado y agotado, pero no sabe que es.

Y el tiempo pasó, más bien, no lo hizo.

El reloj de pared nunca avanzo de las doce, quien sabe si de mañana o de noche pues, las ventanas están cerradas con cortinas.

El aburrimiento y la curiosidad pronto lo obligaron a levantarse de su lugar seguro, buscando a tientas sus sandalias para poder comenzar a explorar.

— ¿A tientas? — Se preguntó, mientras abría los ojos todo lo que pudo para entender la situación.

La sala estaba exactamente como la recordaba, igual que la última vez, con las luces apagadas excepto una pequeña lámpara de lectura cerca del mueble donde recostó su cabeza, pero la podía ver a la perfección, con todo detalle a pesar de que las ventanas estaban cerradas, las luces apagadas y no tenía puestos sus lentes para su pronunciada miopía.

El foco de la lámpara de lectura seguía encendido, pero no proyectaba ningún haz de luz. Todo parecía haberse congelado en el tiempo y, para su alivio, también sus sandalias estaban en el suelo, librándolo de confirmar alguna sorpresa de su perro en el suelo, sea en el sueño o realidad.

Sea de día o de noche, la situación era difícil  de confirmar; las cortinas parecían de acero y era imposible apartarlas de la ventana.

Intento ver detrás de ellas pero era negro, no oscuro, si no, como la carencia de existencia, como si su mente no pudiera rellenar ese espacio pues no conoce lo que hay allí.

Continúo explorando la sala con cuidado, con una extraña mezcla de miedo a descubrir algo horrible y fascinación al no necesitar más de sus gafas.

El suelo limpio, los muebles ordenados, las paredes blancas y las puertas cerradas.

El pasillo a las habitaciones le resultaba poco tentador para explorar, él quería salir, descubrir lo que había afuera así que se dirigió a la puerta, acciono la cerradura y forcejeó para poder salir.

Ya no le importaba si estaba en un sueño o no, estaba decidido a salir, por lo que, asumiendo estar soñando y que él tenga el control, forzó su imaginación para dibujar lo que faltara detrás de la puerta.

Insistió tanto que la cerradura cedió, y al abrir la puerta, sintió un súbito deseo de morir.

El sol de la mañana lo despertó lentamente de su sueño, y se descubrió acostado en el mueble sintiendo una gran opresión en su pecho.

El libro, pesado tomo que leía antes de dormir ahora era como una enorme roca que lo aplastaba impidiéndole moverse y, queriendo gritar al sentir salirse su corazón por la violencia con la que palpitaba, vio acercarse una sombra de reojo, algo amenazador que casi sintió como una burla por parte del autor quien, tal vez olvido mencionar que algunas personas podrían experimentar parálisis del sueño.

La Gloriosa y Recursiva Época Estupida

Acorde al reto Blogger Del grupo Deus Ex Machina(actualmente cerrado), he escrito un relato corto conteniendo las palabras “veneno” y “literatura” que dejo a continuación.


Cuando la gran base de conocimientos se fundó, hubo que realizar una profunda segregación a los contenidos humanos pues, por su volumen, complicaban los procesos realizados por el primitivo hardware, por lo tanto, se eliminó gran parte del entretenimiento de la humanidad de entre los contenidos digitales, pero los medios físicos aún se preservaban como reliquias de una época gloriosa.

Los historiadores consultaban frecuentemente de esta base, mucho más después de la gran catástrofe electromagnética causada por una llamarada solar que fundió la mayoría de los medios de almacenamiento del mundo junto con todo aparato electrónico fuera de las zonas seguras, convirtiéndose en la única base de conocimiento digital de libre acceso al público.

El entretenimiento, al igual que otras áreas del conocimiento humano, tuvo que resurgir de la nada, a partir de simples observaciones empíricas o mediante investigación histórica, sin embargo, el pasado de la humanidad estaba vetado.

Como consecuencia normal de la pérdida de conocimiento, los humanos acordaron que olvidar el pasado era la única forma para comenzar todo desde el principio y restringieron su acceso a las personas corrientes.

Aquella gloriosa época se convirtió en la vergüenza más grande para la humanidad, pero los historiadores observaron que pronto regresaría.

Indiferente de lo ignorante de la población o muy ilustrada, al poco tiempo de recuperar el confort vital, obras mediocres comenzaron a inundar la literatura.

Investigaciones sobre el tema obligaron a desenterrar de la base de conocimientos archivos muy antiguos y confirmaron sus sospechas.

Si bien no se recuperó la información necesaria para reproducir la fusión fría, las novelas románticas volvieron a aparecer en la historia de la humanidad, junto a otros géneros contaminados por el veneno que se pretendió aislar en el pasado sin necesidad siquiera de investigación previa.

Funciona con WordPress & Tema de Anders Norén

A %d blogueros les gusta esto: