Me levante cuando todos se habían dormido, prometiendo no sorprenderme esta vez, pero falle como en todos los intentos anteriores.

Saliendo al patio de mi casa durante la noche, miré al cielo adornado por la luna blanca del cielo que adornaba la perpetua oscuridad de la noche. El silencio apenas era interrumpido por mis pasos en la grava del suelo mientras caminaba con cuidado para no interrumpirlo de ninguna forma.
Alcé la mirada y al ver nada más que la luna, sentí alivio al notar que esta vez podría cumplir mi promesa, uno simplemente no puede sorprenderse del vacío, sin embargo, conforme más tiempo lo veía, mas sentía que me equivocaba.
¿Qué hay detrás de la luna? El silencio sobre la tierra no se compara al del espacio exterior. No hay nada hecho por humanos capaz de alcanzarla, menos para ver detrás de ella y aun así, las personas aún se empeñan por bajar la luna cada noche con ya rutinarios poemas envejecidos, acompañados por versos nuevos pero insípidos.

La ciudad carecía de sus luces características como cada noche con luna blanca y mi casa no era la excepción haciendo difícil el andar sin tropezar, pero como ya era costumbre, no importa cuantos pasos de, no hay obstáculos que me hagan caer.

El tiempo continuo fluyendo, ya cerca de la media noche pensé en volver, orgulloso en parte por no haberme sorprendido tanto como es normal, pero tan pronto como vi que las manecillas de mi reloj marcar las doce, involuntariamente volví a mirar al cielo.

La estampa era fascinante. Lewg volvió a aparecer, esta vez montado en aparato que como siempre logró adecuar para sus fantasías, un bus de paredes desgastadas, seguro que lo encontró abandonado en algún lugar distante y al que reemplazo sus ruedas por sus aparatos con los cuales siempre experimentaba.

Sorprendido y ya importándome poco mi promesa, salté con todas mis fuerzas, primero alcanzando no más de diez centímetros de altura pero después de varios intentos, logrando llegar al techo de la bodega de mi casa.

Lewg seguía mirando al horizonte subido al techo del bus, dejándolo desplazarse a su voluntad lentamente, seguro con la intención de admirar el paisaje desde su invento, pero aun así, se alejaba más rápido de lo que podía saltar.

Salté con más fuerzas para llegar al techo de una casa cercana y salte aún más fuerte para subir sobre un edificio algo más lejos de mi casa. Mientras veía a Lewg empezar a sobrevolar la ciudad.

Corriendo de techo en techo iba dejando detrás mi casa pero dejo de importarme, yo quería hablar con él una vez más. Fascinarme con sus historias e inventos. Conocer lugares distantes que jamás he visto, pero seguía resultándome difícil llegar a él.

Salté una vez más con todas mis fuerzas, esta vez sin tener de objetivo un edificio sino al bus levitando entre la luna y la ciudad y mientras subía, miré abajo.

Me di cuenta de que mientras subía, la ciudad se iba encogiendo. Más bien, yo me hacía más grande, no lo es en realidad, pero pude tapar el edificio más grande con mi pulgar.

Distraído por la sensación de libertad, olvide mi objetivo primordial y estuve cerca de chocar contra la luna, pero llegue al máximo de lo que podía saltar.
Volví a mirar la ciudad. La oscuridad de la noche no la había devorado. La luz blanca de la luna le daba un aspecto plano dibujando grises siluetas contra el fondo negro que la hacían ver como un dibujo en dos dimensiones.
El viento me empujaba lento pero seguro en diferentes direcciones y pude ver diversos ángulos. De nuevo alce mi pulgar y esta vez pude tapar toda la ciudad.

Agitando los brazos trate de subir un poco más. Para poder saltar necesitaba un apoyo, pero era imposible. La luna arriba, la tierra abajo, el vacío del cielo me resultaba insignificante comparado con el vacío del aire en el que flotaba.
Vi mi reloj marcando las tres de la noche. La luna blanca está cerca de esconderse y yo, no logre cumplir mi promesa ni alcance a Lewg, igual que siempre. Sentí la desesperación de no tener nada donde poner mis pies y un nudo en la garganta me recordaba mi fracaso.

Acurrucado y a merced del viento, miré al cielo y trate de tapar la luna con mi pulgar, pero tan cerca era imposible.

¿Qué está más vacío? ¿El cielo? ¿La tierra? ¿El viento?

Pensando en estas cosas mis pies sintieron algo donde apoyarse.
Tras un breve sonido metálico mis pies se hundieron un poco en la carcasa de latón del bus de Lewg, quien, sin mirar atrás tan solo dijo “¿Qué buscabas esta vez?

No respondí, solo me senté donde aterricé y me quede en silencio hasta que me llamo diciendo “Ven, desde aquí se puede ver mejor”

Sentados al frente del bus, vi como la ciudad volvía a crecer y yo volvía a encogerme.

La luna se encogió hasta que pude volver a taparla con mi pulgar, los techos volvían a resultarme familiares y mi casa se divisaba entre los tonos grises de la noche.

Llegamos exactamente hasta el mismo lugar donde lo vi a media noche y antes de bajarme me preguntó «¿Por qué no haces un bus igual? También podrás ver la ciudad desde arriba. Hay lugar para todos en el cielo».

Me despedí del desde mi patio y lo vi alejarse al tiempo que la luna se escondía en el horizonte. Mientras entraba a mi casa tratando de no despertar a nadie, recordaba el motor anti gravitatorio que mantenía levitando al bus.

Lewg siempre prueba sus inventos por la noche de luna blanca y algún día haré lo mismo también.


Relato para el reto Blogger del grupo Deus Ex Machina(actualmente muerto) consistente en escribir sobre la imagen adjunta.
Este relato además es una transcripción de un sueño que tuve anoche, siendo las dos ultimas líneas lo que tuve que llenar pues, me desperté antes de ver el final.