Blog sobre literatura y creatividad.

Etiqueta: aburrimiento

Relato corto: Trabajo en clases

Palabras: 78


Mientras los alumnos trabajaban, el profesor explicaba la clase, excepto uno de ellos que no hacía nada excepto observar insistentemente al profesor.

Esto le sorprendió mucho, ya que conocía su historial de bajo rendimiento académico por lo que le preguntó:

— Los demás están trabajando, ¿Por qué no haces lo mismo?

A lo que este respondió:

— Es cierto que tengo pereza para trabajar, pero en este momento, más importante es atender la clase, es un tema difícil para mí.

Historia del café

Uno o Todos

Esta es mi participación para el taller  #quieroserprotagonista del grupo Acordes Literarios donde elegimos a una persona y lo hacemos protagonista de un relato corto.

(842 palabras) #noobcomplex

Uno o Todos

Historia del café
Historia del café

Klara toma un café en una de las mesas de un local en el centro de la ciudad. Lo hace con calma y sin perder de vista la calle y la gente que transita despreocupada. Cierra los ojos para disfrutar de cada sorbo a pesar de que de un momento a otro la tierra ha comenzado a temblar.

La gente se agita, algunos comienzan a murmurar posibles rezos a sus dioses de turno, mientras los cables del tendido eléctrico se mecen como niños jugando en un columpio. Entonces, la tierra deja de temblar.

La gente se siente satisfecha. Muchos se toman el pulso por el morbo de ver los efectos de tal susto. Conversan entre ellos y ríen de las muecas que pusieron al verse sacudidos súbitamente y las mofas se incrementan mientras la adrenalina va descendiendo. A pesar de que un temblor de ese tipo no es frecuente, todos siguen sus caminos hacia sus labores cotidianas y el flujo de la calle se restaura.

Ella toma un pequeño pan que ha pedido junto al café. Se toma su tiempo para sentir su aroma pues aún está caliente, recién salido del horno. A pesar de que casi no quedan comensales en las otras mesas, ella permanece calmada y moja su pan en el café. Entonces comienza a llover.

El flujo de la calle no se detiene a pesar del torrencial aguacero. La gente corre desesperada al darse cuenta de que el agua empieza a empapar sus aparatos y algunos de ellos dejan de funcionar. Nadie reza, nadie ríe. Todos corren de muy mal humor al refugio más cercano. Sea la saliente de un edificio o la parada de bus que tengan a mano, solo se resguardan mientras maldicen al dios de turno. Los vehículos no bajan la velocidad. Tienen que llegar a donde tengan que ir. No les importa bañar con agua lodosa y aceitosa a los transeúntes que no se han refugiado lejos de la carretera. No les importa que el impacto de la ola que crean tumbe a los motociclistas o peatones que se resignan a aguantar la lluvia. Simplemente corren con todo lo que tienen.

El agua se acumula rápidamente. Las alcantarillas se desbordan. Los vehículos dejan de correr al notar que la velocidad hace que el agua los golpee desde abajo y pierdan el control. Algunos de ellos se estrellan contra los edificios agregando más heridos, además de las motos accidentadas. Entonces, deja de llover.

Las alcantarillas finalmente abastecen. El agua corre arrastrando la tierra y lodo que se habían acumulado en las calles. El aire está libre de smog y ya no se ve la niebla que impide ver más allá de siete cuadras. El cielo se ha despejado tanto que el sol brilla en su máximo esplendor.

Ella sigue en su mesa comiendo su pan. No pierde de vista la calle, pero ahora está rodeada de mucha gente que ha buscado resguardarse de la lluvia. Está irritada por la invasión a su espacio privado pero no hay nada que hacer, conforme calienta el sol la gente se dispersa entre murmullos de fastidio y el chapoteo de zapatos remojados.

En su mesa hay un abanico, un cigarrillo, un helado y una pistola. Ella ha venido sabiendo que hoy ha de morir y simplemente tiene curiosidad en que forma lo hará. Indecisa sobre lo que tomar a continuación, se inclina para alcanzar el helado, pero deja caer sus llaves al suelo. El ruido metálico de una enorme viga cayendo llama su atención de nuevo a la calle. El sol ha secado la mayor parte del agua y la gente se reúne alrededor de la viga y sus escombros. Debajo de ella había una mujer embarazada, un niño y un perrito. Nadie tiene la fuerza para levantar el monstruoso objeto y lloran desconsolados. Gritan ferozmente al cielo despejado como si alguien fuera a oírlos arriba y maldicen al dios de turno, a su destino y a ellos mismos.

Ella levanta las llaves y mira a su alrededor. Aún está rodeada de personas que al ver el accidente no se han movido, pero que tienen muecas diversas según su tema de conversación.

Murmuraciones de desagrado y chistes grotescos se desarrollan entre las palabras en sus bocas. Comentarios misóginos acotan el infortunio de la muerte del perrito y celebran la de la madre y su hijo. Aún peores comentarios se desarrollan alrededor del niño del cual apenas se puede ver su zapato ya que su tamaño es inferior al grosor de la viga que lo cubre.

Ella siente asco y dolor de estómago. Ya no sabe si es por la angustia de morir, por el café o por el comportamiento de la gente. Observa su mesa y aún queda el abanico, el cigarrillo y la pistola.

Mirando al cielo despejado trata de centrarse en el sol, pero no puede verlo porque los edificios lo bloquean.

Mirando totalmente vertical al cielo suspira y se pregunta:

— Ya que de todas formas me he de ir, ¿he de llevármelos conmigo?

Volviendo su mirada a la mesa y viendo por última vez la calle, toma el abanico.

Hombre aburrido en un sillón

Relato corto: Las Cadenas del Rey

Este relato es un intento de representar el tedio de los compromisos sociales. Es un experimento que me propusieron en el grupo y he aderezado con un poco de mi sentir. Me parece que el resultado es muy interesante.

Palabras: 348


Las Cadenas del Rey

Hombre aburrido en un sillón
Hombre aburrido en un sillón

 ¡No! ¡Simplemente no!

¿Qué hay de malo en acurrucarme en mis dominios?

Basta un día para que lleguen las visitas y sé que será un fastidio. Una señora, un señor, dos niños, dos niñas, dos jóvenes, dos jovencitas. Cuantos lleguen será un fastidio.

Que si el señor se aburre y quiere irse a casa. No lo culpo, yo en su lugar también lo haría.

Que si la señora quiere chisme y no desea marcharse. No me importa, si pudiera la echaría.

¡No! ¡simplemente no! Ya basta de intrusos en mi refugio. Niños correteando entre los muebles de la casa, por las habitaciones, por el patio, por el jardín, ¡¡por los baños!!

¿De qué están hechas sus piernas? Lo que tocan lo tiran y destruyen. El señor lo minimiza, la señora lo maximiza, los jóvenes se ríen y las jovencitas miran con desdén.

Un jarrón roto, la tele en el suelo. Vómito en la cocina, lodo en el patio. Lodo en la escalera, una rodilla sangrando y el chillido del herido cual soldado caído clama por ayuda en un cobarde intento de escapar de su destino.
No, ya basta por favor. El señor no se mueve, la señora corre en su auxilio, los jóvenes ríen y las jovencitas se pierden en su mundo…Se pierden en su mundo y no hay quien las regrese.

Música, auriculares, risas chillonas, fastidio, fastidio y quejas.

Que el calor, que fea la pintura de la pared, que no hay Internet, que no llega la señal.

La señora carga al niño en brazos, los otros la empujan jugando, el señor se entierra en el mueble esperando el momento para escapar. Sus cadenas son invisibles, son grilletes con bola, una muy pesada que no le deja caminar…
Hasta que se van….

Se van pero no llega mi felicidad.

He ganado el pase para visitar su casa. Su horrible casa.

El señor, la señora, los niños, los jóvenes, las jovencitas. El hedor de tierra lejana que repele toda incursión y en mis pies los grilletes que me enterraran en un mueble hasta encontrar la oportunidad de escapar.

Danzando Alrededor del fuego

Alienación

El día que supe que los demonios eran reales, no sentí especial preocupación. Había cosas más problemáticas de las que preocuparme como para tener miedo de extraños seres venidos de otra dimensión.

Ni siquiera el ser parte del menú me preocupaba, mis problemas eran más serios y estaban en mi cabeza, probablemente a punto de materializarse.

Los demonios son seres de otro mundo, los noticiarios los han presentado como reales en pocos confiables reportajes esotéricos, donde señoras de pocos dientes y mucho descaro fingen desterrarlos hacia mundos infernales a cambio de un módico precio. Los televidentes fascinados y aterrados contemplan la pantalla brillante mientras pasan comerciales ante sus ojos casi sin que se den cuenta.

A pesar de que es mundialmente aceptada su existencia, nunca se ha podido confirmar científicamente, hasta que cierto investigador de renombre, propuso que estos podrían existir como una manifestación del subconsciente colectivo. Una forma atávica de terror manifestada en excéntricas presentaciones acordes a la realidad cultural gobernante. Esto explicaría por qué han pasado de ser desde seres amorfos, hasta estar constituidos como mezclas animales y últimamente, como humanos muy deformados.

El científico no tuvo suficiente con ello, y comenzó a construir una máquina para poder materializar los terrores subconscientes. Trabajó en ello antes de que nazca y termino su trabajo después de que termine la adolescencia. Realmente diría que hubiese preferido que se tarde tal vez, unos cincuenta o cien años más, pero fue inevitable.

Como era de esperarse, tantos años de trabajo pasaron factura en su cordura por lo que tan pronto logró hacer funcionar su máquina, esta se salió de control. O más bien, el científico dejo que se saliera de control…

Y los demonios se hicieron reales.

La primera víctima, como era de esperarse, fue el mismo científico, que fue devorado ante las cámaras por un extraño ser de piel rojiza y cuernos sobre la cabeza. Su asesinato fue brutal.

Desde entonces, las apariciones de los demonios han sido posibles de ser capturadas en cámaras de alta calidad, los reportajes ya no usaban los videos de calidades miserables y muy distorsionadas. Los demonios se hicieron reales.

Debido al temor que estos causaron, pronto comenzaron a aparecer formas demoniacas nunca antes vistas.

El terror colectivo comenzó a manifestarse en formas muy extrañas, desde cofres con dientes hasta impresoras trituradoras de carne. Los demonios pronto dejaron de ser una aparición espontánea y muchos aparecían de la nada, en la casa de sus creadores.

No, realmente no me preocupan los demonios.

Tengo problemas más serios con los que lidiar.

He estado encerrado en mi habitación desde que mi mente comenzó a salirse de control, pero oigo lo que está sucediendo afuera.

Monstruosos gritos y gruñidos acompañan al clamor de la gente que pronto se ve silenciada entre chapoteos y el crujir de sus huesos.

Pero eso no me preocupa.

La puerta empieza a ser azotada. Golpe tras golpe la van debilitando y algunos cuernos y garras se dejan ver entre las grietas que van apareciendo.

Pero eso no me preocupa.

Finalmente la puerta cede. Extraños seres entran amenazantes y se abalanzan contra mí.

Pero eso no me preocupa.

Al instante, mueren triturados y atormentados de formas peores a las que hacía un rato.

Tengo cosas más importantes de las que preocuparme, como por ejemplo, los ruidos de mi cabeza ahora que son reales y no permitirán que nada externo me aleje de ellos.

Ni siquiera simples demonios.

Un héroe en el Metro

Este es un relato para el grupo Deus Ex Machina(actualmente cerrado) para el  “Reto Blogger” basado en una imagen dada.

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Un Héroe en el Metro

Al ver su reloj, recuerda que va tarde al trabajo. No se siente bien gracias a una enfermedad oportunista que lo ha atacado por sus horas extra y exceso de estrés. Sus constantes y molestos estornudos le recuerdan que aun a pesar de estar al borde de la muerte, tiene que trabajar, eso a pesar de ser solo un resfriado.

El metro, congestionado como siempre, avanza a velocidad constante mientras arrulla a muchos de los pasajeros. Todos como el aguardan resignados el largo trayecto enlatado hasta su destino, deseando que termine pronto al mismo tiempo que desean no termine jamas.

No ha desayunado, apenas logro despertar para ir a trabajar, a pesar de las horas despierto, cinco minutos de sueño lo pueden condenar a un día sin sueldo, no tan grande descuento, pero un duro golpe para su miseria, el debe ir a trabajar.

Un hombre duerme en su asiento recostado sobre un barandal. los demás tratan de ignorarlo mientras luchan contra el sueño pero lo monótono del viaje les hace la lucha imposible.

Se pregunta si es que es lo único que puede hacer mientras revisa sus cosas, dándose cuenta de que le faltan unos documentos. Muy tarde para regresar.

Hiro. Nombre muy parecido a “Hero” en ingles, ha sido el nombre que lo ha anclado a su condena. Héroe definitivamente no es y su vida aburrida ni siquiera es útil para la sociedad.

Se imagina que podría volar. Llegar muy lejos con su poder y visitar muchos lugares bonitos cuando salga de vacaciones del trabajo. Tal vez ir a una zona tropical, lejos de las siempre azotadas por el clima, islas de Japón.

La nieve le estorba, mas bien, la hacinación que provoca esta en la gente.

Todos metidos en el mismo lugar, buscando refugio con tal indiferencia que la única razón por la que se han cambiado su rutina es por el riesgo de morir. El cuerpo sabe sus limites, los humanos no comprenden sus propias limitaciones.

Hiro. El héroe volador que se fue a una zona tropical. Suena bien, si no se va lejos, podría al menos evitar subir al metro, lo importante es estar lejos de la congestión.

No estaría mal tener súper velocidad si no puede volar.

Regresaría a casa por los papeles que dejó y así no recibiría el regaño de su jefe y la correspondiente multa. Sin multa, tendría suficiente dinero para ir de vacaciones, aunque sea a una isla cercana, la playa tal vez.

La gente sigue adormecida. Cuando no duermen, hablan por teléfono, lo leen, lo tocan con la vehemencia de un amante desesperado. Telepatía entonces seria un buen poder. Tal vez algo como algún sentido de tecnocepcion para tener Internet en la cabeza y chatear con sus amigos a cada rato. Pero distraerse en horarios de oficina le acarrearía una multa, no se puede permitir mas multas, tan solo la que va a recibir por dejar los papeles sera grave.

Igual, no tiene amigos, no seria una habilidad muy útil…

Los vagones del tren se sacuden a intervalos regulares. Hiro mira por la ventana el paisaje que va quedando detrás y se da cuenta de que el mundo no necesita héroes. Menos uno que quiere irse de vacaciones, chatear en el trabajo y correr a ultra velocidad.

Las personas del vagón no lo miran, el lo agradece a pesar de que la mascara no deja ver sus expresiones.

Se dio cuenta de que ni aun siendo héroe, ni aun en sus propias fantasías, puede dejar de ir trabajar.

 

El gran filtro fue una gran fiesta

Relato para el reto blogger del grupo Deus Ex Machina, una historia que describa a la humanidad en algún lugar del gran filtro.


Cuando los enormes recursos del planeta no bastaron para alimentar las ambiciones de los humanos, pusieron todo su esfuerzo en acaparar los recursos de todo su sistema planetario, esto los convirtió en una civilización tipo II, pero a costa de su planeta de origen.

Si bien, aun podían conseguir recursos de allí, les resultaba especialmente imposible habitarlo por el daño que le hicieron, por lo que repartidos en colonias aisladas en cada planeta rocoso del sistema solar, se dedicaron a rehacer su vida tan cómoda como pudieron gracias a su posición como civilización tipo II.

La búsqueda de un nuevo planeta por habitar consumía recursos a niveles descabellados, obligando a la minería incluso en planetas gaseosos como Júpiter, llegando a extremos de extinguir por completo los anillos de Saturno, los cuales se estimaba en épocas anteriores, tardarían millones de años en desaparecer, sea convirtiéndose en pequeñas lunas o arrastrados por la gravedad de su planeta.
Las colonias a lo largo del sistema solar, sin embargo, se comportaban de una forma diferente de lo esperado.

Las noticias de que Fobos colisionaría contra marte no eran nuevas, se sabía de este evento desde hace mucho tiempo, casi desde su descubrimiento, pero la colonia no tomó ninguna medida preventiva.

Cuando las fuerzas de marea lograron quebrar a Fobos, todas las colonias advirtieron que debían buscar refugio hasta que la situación se estabilice, incluso les permitieron repartirse entre las demás colonias en otros planetas, pero no hubo respuesta.

Se escuchaban sus retransmisiones.

La gente bebía y comía alegre a pesar del riesgo.

Las fiestas y eventos sociales eran frecuentes y las emisiones de programación de entretenimiento nunca acabaron.

Incluso cuando la lluvia de fragmentos cayó en marte, alguna estación aun transmitía, hasta que acabo la energía almacenada y marte quedo totalmente en silencio.

La siguiente colonia en desaparecer fue la de Plutón.

Distantes y aislados vivieron en buen rendimiento gracias a la gran cantidad de recursos energéticos allí, pero no se volvieron a comunicar con las demás colonias.

Una sonda que pasaba por allí, reportaba congelamiento absoluto mientras recibía una última señal que se apagaba ante la falta de energía sobre un programa de chismes grabado hace quien sabe cuánto tiempo.

La colonia de Mercurio desapareció repentinamente también después de una llamarada solar, a pesar de tener escudos especialmente preparados para estos eventos. Su última transmisión sin embargo, fue la de un científico.

— Aquí la última transmisión de la colonia de Mercurio, civilización humana tipo II hacia el universo. Estamos solos. Estaremos solos. Hace frío, el Sol nos dará el calor que necesitamos.

La colonia de Venus volvió a la tierra.

Los habitantes no huyeron de allí, si no que viajaron a modo de turismo a aquel planeta gemelo que alguna vez fue azul.

Colonizaron la tierra una vez más.

La última colonia humana, civilización tipo II capaz de asimilar los recursos de todo su sistema planetario era un reducido grupo de personas, suficiente para repoblar el planeta entero pero entregado al hedonismo.

Los científicos, amargados, meditaban sobre el derecho de la humanidad de ser llamados tipo II viendo una alta tasa de analfabetismo en la población, que tan solo se dedicaba a los placeres de la vida y el entretenimiento trivial.
Los humanos se aburrieron.

La última colonia humana, habitante en la tierra, detuvo sus transmisiones sabiéndose sola en el universo y un científico dijo sus últimas palabras.

— Estamos solos, no representamos a los humanos pero la humanidad se ve representada por nuestros logros. Ya no existe el círculo de la vida, pero volvemos a él. Si hay alguien allí afuera y nos escucha de alguna forma, por favor, deje que el Sol acabe con nuestro recuerdo. Si no, el Sol acabara con nuestro recuerdo.

La última colonia humana se entregó al círculo roto de la vida durante una fiesta, los científicos se aburrieron, la gente no le interesaba sobrevivir. La tierra trató de asimilar a aquellos que le arrebataron todo pero ante su incapacidad, ahora yacen eternamente sobre el yermo desolado.

El Sol, ya sin combustible se expandió y elimino todo recuerdo y al universo no le importó.

Ciudad Laberinto

Relato Corto: Laberinto

Relato para el reto Blogger del grupo  Deus Ex Machina(actualmente desaparecido)

Este relato es uno de mis favoritos por su estilo y narrativa, casi no recuerdo su origen pero estaba basado en un sueño.

Actualización:

Este relato ha sido corregido y ahora forma parte de la antología de «Los Frutos del Tiempo. Primera Cosecha». Mientras lo corregía, me di cuenta de muchos errores cometidos por simple ignorancia, especialmente en temas relacionados con las comillas y los diálogos de múltiples párrafos. Después publicaré lo que he aprendido corrigiéndolo.


Laberinto

Ciudad Laberinto
Ciudad Laberinto

—¿Sabes? El camino descampado solo es visible cuando has dado un paso dentro de él. Mientras estés en el bosque todo es un laberinto de árboles infinito y desesperante. El fuego suele ser tu aliado, destruyéndolo o acabando con tu agonía. La primera puerta se abre frente a ti.

La voz parecía retumbar en mi cabeza pero la persona frente a mí, con una taza de café en una mano y un periódico enrollado en la otra, hablaba con soberbia señalando una calle muy transitada.

—No esperes que un dragón te visite cuando te pierdas en el bosque, no esperes que un volcán lo devore. Desde aquel momento en el que perdiste las esperanzas de salir, las puertas se te han cerrado.

Solo dejó de hablar para tomar un sorbo de café. La gente, a mi alrededor, se quedaba quieta cada vez que él callaba y recuperaba el movimiento al ritmo de sus palabras. Las calles parecían retorcerse sin cambiar de forma alguna, y yo, aún más confundido, levantaba mi taza de café casi vacía al momento en el que él lo hacía para no perderme de sus palabras.

—¿No decías que eras quien cambiaría el mundo? Sólo tienes treinta años y has abandonado toda esperanza, saltaste desde aquel edificio y a mitad del camino me has llamado. Dios, demonio, auxilio, socorro… ¿En qué estabas pensando? Abarcando tanto, cualquiera te iba a responder. Pero he llegado primero y ahora vamos a jugar.

»El mar embravecido agita sus aguas contra la tierra que aguanta por toda la eternidad sus ataques.

»La roca, infinitamente más dura que el agua, va cediendo poco a poco hasta volverse polvo. ¿Creías que tú, siendo un simple mortal, cambiarías algo?

»El cielo siempre cambia, la tierra también, la misma ciudad fluye constante al ritmo de mis palabras.

»¡Mira! Las miradas acusadoras de todos aquí están sobre ti. ¿Qué te hizo creer que serías tan especial como para poder escapar del tormento que fue asignado a todos los mortales?

»Se te ha privado del fuego. No hay un gran dragón que despeje el bosque. Las puertas siempre abiertas se te han cerrado y tú, inútil, estás sentado en una silla bebiendo café. Sin azúcar, sin agua; un trago amargo que pasas con dificultad por tu garganta esperando una respuesta clara.

Las furiosas y frustradas miradas de los transeúntes se fijaron en mí, tan pronto como el hombre comenzó a hablar. Acusadoras, agotadoras, dolorosas… No había nadie que me distrajera del cruel tormento que les asignaron sobre mi.

Las calles parecían retorcerse en un ciclo infinito para que la gente y sus vehículos volvieran a pasar, mirándome, achacándome por hacer trampa en este juego que llaman vida y cada vez llegaba más gente, más animales, más calles y más edificios.

El amargo sabor en mi boca coincidía con su acusación. Indigno de la vida, probé la amargura de un mero café sin agua y sin azúcar, como castigo leve para mi intento de escapar. La tierra tiembla ante la cada vez más concurrida calle frente a la cafetería. El hombre retomó su discurso al terminar de beber otro sorbo de su aparentemente inagotable taza.

— ¿Cruel castigo te resulta masticar granos de café? Peor fue aquello que te llevó a saltar, ¿verdad? No esperes que tu intento de escape pase desapercibido, mira, la gente se reúne para ver tu desmembrado cadáver. pudiste haber elegido un final más digno.

»Tus ropas desgarradas, tus órganos expuestos, las piernas abiertas exhibiendo tú miseria. ¿Era necesario saltar desde el edificio a tropel?

La gente se reunía precipitada y haragana. Observaba con desdén aquel cuerpo destrozado que fui alguna vez. Sus miradas parecían desdoblarse solo para vernos al mismo tiempo, al cadáver y a mí, al uno con lástima y al otro con desdén. Al muerto como alguien bueno y a mí, como a un infiel.

La tierra se movía y la gente fluía por las calles como si fueran la sangre de las arterias de la gran ciudad. El tiempo continuó pasando y poco a poco se olvidaron de mí, aquel que un día saltó desde lo alto de un edificio a tropel, que se desmembró al chocar con tanto obstáculo que encontró durante la caída y aplastó a la verdadera razón por la que me miraron con lástima; un pequeño pichón.

—¿Sigues mirándote con autocompasión? Has pedido auxilio y yo te lo di. ¿Quién te crees que soy? ¿Un demonio? ¿Un simple trickster perdido en el tiempo? Yo soy tú y aquí estoy, riéndome de tu decisión, burlándome de tu desgracia, siendo reflejo de lo que serías si no hubieses saltado.

»No, tienes razón, no soy tú, porque has llegado aquí por tu estupidez y yo, tan solo riéndome de tu insolencia, estoy desde siempre y hasta siempre.

»El fuego es tu aliado; quema el bosque. El camino descampado solo se ve al salir del laberinto de árboles. Deja de lamentarte y avanza, pisotea tu cadáver, sueña en grande y recuerda: el cielo siempre cambia y la tierra también. Hasta la roca más dura es molida por el agua tan suave.

La miseria de mi vida se había ido hasta que me convertí en una baldosa más de la acera. Fui una vida disfrutada que se truncó antes de terminar naturalmente y aquel pichón que maté mientras caía, recibió cristiana sepultura.

Paloma parda y sin plumas, tuvo las alas que me faltaron para evitar llegar al suelo. Acabé con su vida antes de que pudiera comenzar la suya y recibió un entierro digno mientras yo sigo estampado en el suelo como una baldosa más de la acera.

Las calles recursivas se retuercen como un laberinto; los faroles y peatones son simples arbustos de este bosque. El peligro son los árboles gigantes, enormes guardianes permanentes en el tiempo capaces de guiar a idiotas directo hasta el suelo. Ayer mismo cayó otro semejante a mí.

Pobre idiota, o tal vez… un genio.

Saltó desde lo alto, sin prisa, sin apuro.

Estiró las piernas con orgullo y sin temor de su decisión.

Llegó al suelo de espaldas sobre un auto que se hundió y, molido de todos sus órganos internos; falleció.

Así, digno, orgulloso y estúpido, logró escapar mejor que yo, pero a diferencia de mí, la gente con lastima lo miró.

Lo levantaron, lo trasladaron y lo enterraron, nunca penó.

Nunca se lamentó.

Nunca.

Desperté.

El calendario marca mi cumpleaños veinte. No lo soñé pero no morí. No viví. Cuando cumpla treinta saltaré otra vez hasta morir como aquel tipo, digno y orgulloso. O más bien, viejo y en un sofá frente a una chimenea. O más bien, lo que se venga según actué conforme a lo que ahora sé.

—No has escapado —dijo la profunda voz—. Nunca has escapado. No creas que lo que viste fue un sueño, ni olvides el dolor previo a tu muerte. El fuego es tu aliado, puedes quemar el bosque o morir incinerado. No dejes nada pendiente o volverás a comenzar. El laberinto de árboles conforma el bosque tú, simple viajero, no eres más que una pulga perdida entre los matorrales.

»Tienes manos, tienes pies, tú decides si enciendes una antorcha o saltas desde los árboles, mientras yo, aquí, desde siempre y hasta siempre, te sigo vigilando hasta que olvides en que te has equivocado y vuelvas a saltar.

Desperté.

El aroma del café inundaba mi olfato.

La gente a mí alrededor me observaba aterrada.

«¿Quién lo empujó hacia la calle?», se preguntan. Pero lo que no saben es que en realidad, lo deseaba.

El hombre en la cafetería sigue tomando su café, me mira con el periódico enrollado en su mano, mientras con la otra sostiene la taza de la que vuelve a beber.

 

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